miércoles 24 junio 2026

El Uvero: la victoria que hizo hombres a los rebeldes

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El sitio de la televisión en Santiago de Cuba

Veintiocho de mayo. El calendario se detiene en una cifra que la Sierra Maestra no olvida. Hace 68 años, el eco de los primeros disparos rompió la madrugada y algo cambió para siempre en aquella guerrilla que aún aprendía a guerrear.

Fidel Castro lo decidió sobre el mapa: atacar El Uvero para que los hombres del Corynthia pudieran desembarcar vivos en la costa norte.

Cincuenta refuerzos recién llegados, enviados por Frank País, se fundieron con los veteranos de La Plata. Ochenta combatientes, ocho horas de monte a cuestas, 16 kilómetros de piedra y sudor.Al frente, 53 soldados de la dictadura, bien armados, protegidos. Detrás, la necesidad.

El Che, con un fusil ametralladora que se encasquillaba, disparó primero contra la radio enemiga. Tres horas sin bombas, calculó después. Tres horas para que la aviación no los aniquilara.

Tiempo justo para que Juan Almeida, con una bala en el pecho detenida por una chatarra milagrosa, dirigiera un avance suicida. Para que Guillermo García, con un casco de combate pasado, negara un fortín.

Para que Raúl Castro, con su pequeño pelotón, avanzara contra trincheras de troncos.Y para que Julio Díaz cayera junto a Fidel, un balazo mortal en la frente, la trípode de su arma todavía caliente.

Cuando cesaron los disparos, la guarnición había desaparecido: 11 muertos, 19 heridos, 16 prisioneros. Los rebeldes lloraron a siete caídos.

Pero aquel cuartel —pequeño, aislado, maldito para la tiranía— se convertía en símbolo.El enemigo renunció desde entonces a las guarniciones solitarias. La guerrilla estrenó su mayoría de edad y, con ella, un territorio liberado que crecería como la luz del alba.

De aquella columna madre, la número 1 José Martí, nacerían después las columnas 4 (el Che), 6 (Raúl), 3 (Almeida). Más tarde, Camilo cruzaría la llanura. Y la guerra, como un río que desborda, se llevaría la dictadura el primero de enero de 1959.

Pero nada de eso habría sido posible sin aquel 28 de mayo. Sin aquellos ochenta hombres que aprendieron, entre plomo y sueño, que la victoria tiene el sabor exacto de la dignidad.

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Los juristas son, en principio, servidores públicos imprescindibles.
Saludos desde México. La cultura de la previsión así como la calidad en el trabajo ayuda a los pueblos de…
Jornadas de trabajo intenso; en esta cobertura tuve la oportunidad de acercarme a personas revolucionarias y aman y honran la…
Joel @ No todo está perdido
abril 11, 2024 at 1:44 am
Son los jóvenes quienes, en mayoría, llevan el mayor peso del quehacer cotidiano del país. Así ha sido siempre. No…
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