Cada 15 de enero, Cuba reafirma una promesa. Es el Día de la Ciencia Cubana, una fecha que mira hacia atrás con orgullo y hacia adelante con determinación, recordando las palabras que el Comandante en Jefe Fidel Castro dirigió a los científicos cubanos en 1960: “El futuro de nuestra patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, de hombres de pensamiento”.
La conmemoración llega siempre cargada de resultados: universidades y centros de investigación se presentan proyectos, se reconocen investigadores y se abren las puertas para que la población se acerque a los experimentos que, muchas veces, explican silenciosamente la vida diaria.
Es un homenaje a la comunidad científica cubana, esa que en tiempos de pandemia demostró al mundo el valor de la soberanía tecnológica con vacunas propias, y que sostiene líneas de investigación en biotecnología, medicina y agricultura que son referencia internacional.
Pero también es una jornada para hablar con honestidad de los desafíos. El bloqueo, las carencias y la necesidad de retener el talento joven son realidades que tocan a nuestra ciencia local. Precisamente de estas tensiones surgen ideas innovadoras: los proyectos impulsores, los parques científico-tecnológicos y las empresas de alta tecnología, esfuerzos por vincular el conocimiento con la producción y el desarrollo económico de nuestras comunidades.
Así, el día de la ciencia en Cuba es un recordatorio de que, pese a las dificultades, la isla insiste en mirarse con las lentes de la investigación y el pensamiento crítico, tratando de honrar el pensamiento de Fidel Castro Ruz cuando aseveró que el futuro será, inevitablemente, un futuro de ciencia.