Las serentas son de esas formas de cantar que llegan al alma y roban suspiros. Canturías que sorprenden a quien las recibe y se regalan como expresión de amor y devoción.
Se recuerda con especial encono aquella que se estrenó en Bayamo la noche del 27 de marzo de 1851, La Bayamesa, con música de Carlos Manuel de Céspedes y Francisco Castillo Moreno y versos de José Fornaris, quienes junto al tenor Carlos Pérez la ofrecieron a Luz Vázquez esposa de Castillo Moreno.
A Santiago de Cuba estas llegan muy ligadas a la trova y se ofrecían ya a mediados del siglo XIX según recoge la historia.Pese a sus humildes orígenes y sus largas jornadas de trabajo en los más diversos oficios, los trovadores eran conocidos como trasnochadores y bohemios.
Por eso de vez en vez los barrios de la ciudad adornaban sus noches con letras y melodías, que en ocasiones significaban declaraciones de amor, pero que también se ofrecían a amigos y familiares con motivo de su cumpleaños u otro tipo de celebración.
Las serenatas eran mayormente bien recibidas fuera cual fuera su motivo. Y según recoge la literatura y el conocimiento popular muy a menudo a estas le sucedían brindis por parte de la casa agazajada y más canciones para cerrar la noche.
Muy conocido es en Santiago de Cuba la incorporación de Miguel Matamoros al ofrecimiento de serenatas, incursiones de las cuales se dice surgieron composiciones como Mamá, son de la Loma.
La noche del 18 al 19 de marzo se dice que la ciudad se convertía en cómplice de una gran serenata, pues el 19 según el santoral católico corresponde a San José y en Santiago de Cuba muchos trovadores se nombraban José, quienes eran homenajeados por sus amigos y familiares dando inicio a las festividades cumpleañeras.
Con el tiempo este día se comenzó también a honrar a Pepe Sánchez, recordado como el padre de la trova cubana y creador del primer bolero.
Otras ciudades del país son también reconocidas por sus alegres serenatas; Bayamo, Santi Spíritus, La Habana, entre otras, guardan recuerdos entre sus calles coloniales de trasnochados cantores que llevaban la melodía de ventana en ventana, esperando llegar con sus canciones al corazón de aquellos escogidos para tan hermosa muestra de cariño y reconocimiento.
En la actualidad los Festivales de la Trova son un momento para recordar y poner en práctica esta tradición, que aún cuando ha llegado a nuestros días, no se desarrolla habitualmente.
Sirva entonces este evento como pretexto para inspirar a nuestros trovadores a adentrarse en este mundo de las serenatas y de vez en vez adornar con sus canciones, las noches en nombre del amor o la amistad.