Chivirico, un pueblo que durante décadas careció de un templo reconocido tras el triunfo de la Revolución, encontró este fin de semana su espacio sagrado en el cine teatro Guamá.
La convocatoria de las diversas congregaciones religiosas superó cualquier pronóstico: las butacas se ocuparon por completo y casi la mitad de los asistentes siguió la ceremonia desde afuera, sin importar el intenso calor.
Los fieles vivieron la jornada como un milagro y así lo agradecieron. Pastores y representantes de distintas denominaciones coincidieron en reconocer el apoyo de las entidades del Estado, que hicieron posible este anhelado encuentro comunitario.
La palabra que más se repitió fue «bendiciones». Los asistentes pidieron paz, tranquilidad y salud para el pueblo cubano, entendiendo la fe también como un acto de amor colectivo.
Pero la oratoria no se quedó solo en lo espiritual. También desde la oratoria religiosa se pide por la suspensión de un bloqueo criminal. Con respeto, pero con firmeza, los creyentes manifestaron su repudio al cerco económico y financiero impuesto por el gobierno de Estados Unidos, que asfixia a la población.
Desde las trincheras de la espiritualidad, Chivirico demostró que la fe y la unidad pueden alzar la voz por el bienestar común, sin odios, pero con la certeza de que el amor por Cuba también se defiende con oraciones que piden justicia y libertad.