“La revolución que le va a dar al proletariado su libertad está un poco más adelante (…), lo que necesita es un motor que la impulse y ese motor debemos ser nosotros, los trabajadores que vamos a constituirnos en organizaciones grandes y vamos a hacer una organización nacional”
Quien así se expresó fue Alfredo López, un líder sindical que dedicó todos sus esfuerzos a unir a los trabajadores cubanos, creando, primero, la Federación Obrera de La Habana y posteriormente, la Confederación Nacional obrera de Cuba durante los años 20 del pasado siglo.
Por su destacada participación en las luchas obreras, Alfredo López recibió no pocas amenazas, como la que le hizo el segundo jefe de la Policía secreta del régimen de Gerardo Machado cuando le dijo: “Si no abandonas los sindicatos, la cabeza te huele a pólvora”
Asimismo, el Secretario de Gobernación del régimen le ofreció a Alfredo López la posibilidad de marcharse al extranjero abandonando la agitación de las masas obreras o por el contrario la muerte si continuaba en esa tarea.
Pero Alfredo no se amedrentó por esas amenazas y se le vio encabezando las manifestaciones proletarias, a veces revolver en mano, acompañando a los trabajadores a quienes organizó para ripostar con las armas la violencia policial.
Con la vista puesta en la revolución que él veía adelante, Alfredo López prestó gran atención a la superación de los obreros y se le vio recorriendo fábricas y talleres exhortando a los trabajadores a incorporarse a la Universidad Popular José Martí creada por Julio Antonio Mella.
El 20 de julio de 1926, hace hoy cien años, Alfredo López fue secuestrado por fuerzas represivas del régimen de Gerardo Machado, y no se supo más de él hasta la caída del tirano en 1933, cuando sus restos aparecieron en las faldas del Castillo de Atares, sede de la policía Machadista, confirmando lo dicho por Julio Antonio Mella de que el destacado líder obrero había sido asesinado.
Dos décadas después, el hijo de Alfredo López, que había quedado huérfano a su muerte, integró un comando revolucionario que ajustició al perro de presa de la dictadura que ordenó el crimen de su padre.