El poeta Manuel Navarro Luna, falleció el 15 de junio de 1966, a la edad de 72 años, hace hoy 60 años, pues había nacido en 1894 en Jovellanos, Matanzas, aunque su niñez transcurrió en la localidad oriental de Manzanillo.
Desde muy joven Navarro tuvo que enfrentar una vida dura y difícil tras la muerte de su padre, desempeñándose como buzo, barbero y otros oficios hasta que se convirtió en un escritor militante y ya en 1915 en un mitin en la ciudad de Manzanillo daban a conocer su primer poema, el soneto Socialismo.
En 1919 vio la luz su primer libro de versos, Ritmos de Oriente, seguido de Corazón Adentro en 1922 que lo catapultó a la fama al concederle créditos personalidades tan importantes como Bonifacio Byrne, Fernando Ortiz y Enrique José Varona.
Entre 1925 y 1927 se publicaron de Navarro Luna otros títulos como Siluetas Aldeanas, y Refugio, un poemario de amor. En 1928 al editarse el libro Surco, fue llamado a la capital por la intelectualidad de vanguardia, entre ellos Rubén Martínez Villena y Pablo de la Torriente Brau, para convertirse en uno de ellos.
A pesar de la fama alcanzada Navarro no dejó de ser fiel a su origen y escribió otros muchos libros de versos de temas populares y políticos y fue quizás uno de los bardos más leídos de su tiempo por la juventud. En 1936 su libro La Tierra Herida le volvió a ganar el respeto de la crítica especializada.
La dictadura de Fulgencio Batista lo tuvo entre sus enemigos predilectos, demostrando que la luz de un intelecto le era tan perjudicial como los estampidos de fusiles en la Sierra y en el llano.
El audaz poema Santiago de Cuba, aparecido en 1957, circuló clandestino por todo el país y fue tribuna de combate en los tortuosos días de la represión batistiana por denunciar los crímenes del gobierno.
Después del triunfo de la Revolución, Manuel Navarro Luna se convirtió en un cronista del acontecer revolucionario de nuestro pueblo y no hubo hecho como el de la lucha contra bandidos, Playa Girón o la crisis de octubre que no fuera reflejado por el poeta.
Los santiagueros recordaremos siempre a este destacado intelectual revolucionario porque legó a la ciudad un poema que ha sido, es y será por siempre un símbolo: “Es Santiago de Cuba, no os asombréis de nada…