Inició la semana y en el santiaguero municipio de San Luis, una delegación del Segundo Convoy solidario a Cuba llegó hasta ese territorio oriental.

Eran voces y acentos de distintas nacionalidades que venían a palpar, más allá de los titulares, cómo se teje el bien común bajo el férreo bloqueo de Estados Unidos.

Acompañados por las autoridades locales, el periplo se adentró en la vida cotidiana. En el policlínico Alberto Fernández Montes de Oca, los visitantes escucharon el latido silencioso de la resistencia:



Médicos y enfermeros que, con profesionalidad y ternura, sostienen cada servicio pese a la falta de recursos. Como gesto de hermandad, donaron medicamentos e insumos antes de marcharse.

La tierra también tuvo su voz.
En la cooperativa Mario Muñoz conocieron el esfuerzo colectivo que hace brotar café, ganado y cultivos varios, y acaricia el sueño de un cacao con alma exportadora.

Cerca, en la escuela primaria de la comunidad rural La Cristina, apenas diez niños —de primero a sexto grado— los recibieron con algarabía.

Contaron lo que aprenden y, en un círculo hermoso de dar y recibir, les regalaron dibujos trazados con los lápices de colores que el propio convoy les había obsequiado.

Al despedirse, los integrantes del convoy reconocieron la valentía serena de este pueblo y agradecieron la solidaridad que Cuba, aún bloqueada, siembra en el mundo. En San Luis quedó claro que la esperanza no necesita fronteras.