En el corazón de San Luis, municipio de la oriental Santiago de Cuba, ha convertido su cotidianidad en un eco de solidaridad.

Desde los primeros rayos del sol, en matutinos que reverberan en centros laborales, aulas estudiantiles y cooperativas campesinas, se escucha una misma convicción: un rechazo unánime y enérgico al reciente ataque armado de Estados Unidos contra la República Bolivariana de Venezuela.


La condena no es un simple comunicado; es un sentimiento tejido en las palabras de trabajadores, cederistas, federadas y jóvenes.
En mítines espontáneos y concentraciones, el pueblo sanluisero expresa su dolor por las vidas inocentes perdidas en la nación hermana y ratifica un apoyo inquebrantable a lo que denominan “la Patria de Bolívar”.“América es zona de paz”, afirman con vehemencia los más jóvenes, quienes evocan las lecciones de una historia latinoamericana marcada por luchas por la soberanía.

Su voz no solo condena la penetración armada, sino que exige la liberación del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y de su esposa, Cilia Flores.

Cada encuentro es también un homenaje: a los combatientes caídos en defensa de la soberanía venezolana y al líder de esa “nación latinoamericana” que consideran bajo asedio. Estos gestos de hermandad, lejos de ser aislados, forman parte de un movimiento que, aseguran, continuará replicándose en San Luis y en toda Cuba.

Así, desde este rincón de la isla, se levanta un mensaje claro: la solidaridad no conoce fronteras, y la paz del continente es un grito que merece ser defendido.
