Aplaudamos también por los maestros

Aplaudamos también por los maestros

Santiago de Cuba, 30 jun.— Recientemente la misiva de una madre dio la vuelta al mundo desde las redes sociales. Aquí un fragmento para ponernos en sintonía:

“Mi querida maestra: Esta cuarentena con mis hijos me hizo reflexionar sobre ustedes. Son mis hijos, los amo, pero dígame cómo hace para aguantarlos? Cuénteme su secretito por favor! Los niños la extrañan, ¡CREO QUE YO MÁS!”

Ciertamente no ha sido sencillo contener en casa la inquietud infantil en este tiempo sin escuelas, parques, playas, amigos o deportes en que consumir su energía, que a veces parece inagotable.

Las estadísticas de la línea telefónica habilitada para brindar ayuda psicológica en esta etapa, ofrecen evidencia. Un gran porciento de las llamadas recibidas por los profesionales santiagueros de la salud mental, fueron de padres y madres desesperados procurando asesoría para el manejo de los niños en casa.

Y este fenómeno no ha sido exclusivo de Cuba. La web también está llena de tutoriales y propuestas para ayudar a quienes todavía lo llevan como una asignatura pendiente.

Bienaventurados los que han sabido aprovechar el mandato de quedarnos en casa para fortalecer el vínculo familiar y desarrollar en los niños nuevas habilidades. Pero la verdad es que no estábamos acostumbrados a permanecer tanto tiempo con nuestros propios hijos, a tener que asumir, en primera persona, la ardua tarea de su educación y entretenimiento; a tener que exigir que atiendan las teleclases, acompañar la realización de sus tareas y hacer de estos meses un tiempo de aprendizaje, no solamente académico.

Normalmente la escuela es quien ha asumido ese rol en nuestra sociedad. Reclamamos al maestro si los niños no obtienen buenas calificaciones, si no tienen buenos modales, si son requeridos por algún motivo…

Ahora nos ha tocado a nosotros ponernos en su posición, aun cuando él o ella no tienen sólo 1 o 2 niños que atender, como nosotros en casa, sino 20, 30 y hasta 45 en cada grupo, cada uno con sus caracteres, costumbres, historias familiares, preferencias y ritmos de aprendizaje.

Hemos descubierto que la escuela brinda, además, otras experiencias vitales más allá de las que pueda ofrecer la familia; amplía el vocabulario, ejercita el compañerismo, consolida la socialización y todo eso había quedado hasta hoy en manos del maestro.

Durante estos meses ellos no han estado completamente de descanso. Tan afectados como nosotros por esta situación inédita, algunos se han vinculado a tareas de apoyo en la agricultura o la asistencia a personas vulnerables. Otros visitan a sus alumnos, se interesan por sus necesidades y la mayoría ha reinventado sus métodos para mantener el vínculo afectivo y el proceso de enseñanza por los medios disponibles.

Ante el descenso del número de contagios por el nuevo coronavirus y la recuperación paulatina de la normalidad en casi todo el país, ya pensamos cómo será el regreso a las aulas, pronosticado, para septiembre.

Nos preocupamos por los horarios de clases para recuperar los contenidos del curso alterado por la cuarentena, preguntamos incisivamente por las estrategias para garantizar el distanciamiento en aulas y el estricto cumplimiento de las medidas higiénico-sanitarias; incluso no dudo que algunos ya estén cazando zapatos y mochilas.

Cada cual le pone un sentido a su entusiasmo. Pero pensemos también de qué forma podemos apoyar al maestro, ahora que tendrá nuevas dinámicas que sortear.

No hablo de retribuciones materiales, aunque –como ya habremos experimentado- también son necesarios muchos recursos para mantener motivados a esos locos bajitos, cada vez más visuales, interactivos y curiosos. Ojalá esta experiencia nos permita valorar a esa persona con quien compartimos y a quien, no pocas veces, le confiamos exclusivamente la educación de nuestros hijos.

Ayudemos a despertar en nuestros pequeños esa mirada de respeto o de admiración hacia ellos y el agradecimiento por la cuota que aportan a sus triunfos personales.

Un buen comienzo para este nuevo capítulo sería añadir al aplauso de esta noche, de mañana, o incluso de ese último día antes de volver a las aulas, una intención de homenaje para los maestros. Ellos que también asumen la cotidianidad con valentía.

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