martes 12 mayo 2026

Las Otras Madres

Papo es un niño alegre, conversador e inteligente. Cursa el segundo grado de la enseñanza primaria y, desde que estaba en quinto año de vida en el círculo infantil, no ve, no besa ni abraza a su madre.

Cuando le pregunté dónde estaba ella, intentó esquivar la respuesta; miró a su acompañante y, tras una señal de esta, respondió en voz baja: “mi mamá está en los Estados Unidos”.

Al parecer, su ausencia no es absoluta, como trata de justificar la abuela materna de Papo: “ellos hablan y se ven todos los días; él se sienta frente a la computadora, hacen videollamada y conversan de todo”.

Luego, con un gesto de resignación que apenas logra disimular la nostalgia, añade: “hace un tiempo él se ponía muy triste cuando hablaba con su mamá, pero ya no… se está acostumbrando; y yo también”.

Como esta abuela, una cubana de carne y hueso, hay muchas en Santiago de Cuba que asumen la atención y el cuidado de niños y adolescentes que, por diversas circunstancias, crecen alejados de la madre que los trajo al mundo.

Las razones son múltiples: la emigración, los divorcios, contratos de trabajo en el extranjero, entre otras.

En esas ausencias, abuelas, tías, padres u otros familiares cercanos terminan ocupando el espacio cotidiano del afecto, convirtiéndose en madres y padres sustitutos que procuran brindar a esos menores el amor, la atención y el acompañamiento necesarios para su mejor desarrollo.

Según afirman algunos especialistas y conocedores del tema, aunque no existan estudios concluyentes al respecto, “las madres biológicas son insustituibles, al menos en el afecto y en la manera de expresar la dimensión más humana de esa relación”, sin embargo, al preguntar a muchos niños, incluso en presencia de sus madres, no son pocos los que responden que sus abuelas son “las más cariñosas”.

En Santiago de Cuba existen muchas madres sustitutas que este segundo domingo de mayo merecen reconocimiento, no solo por haber entregado a la sociedad a sus propios hijos, sino también por asumir la protección, la crianza y el cuidado de sus nietos.

A ellas se suman mujeres como las trabajadoras de las casas de niños y adolescentes sin amparo familiar, quienes asumen con entrega maternal la responsabilidad de acompañar y formar a estos muchachos en etapas decisivas de sus vidas.

En silencio, lejos de reconocimientos y aplausos, esas mujeres sostienen hogares, llenan ausencias y cultivan amor allí donde otras, aún con las mejores intenciones, dejaron vacíos.

En este Día de las Madres, también en ellas late el más genuino sentido de la maternidad.

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Joel @ No todo está perdido
abril 11, 2024 at 1:44 am
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