Cuando, en 1959, el comandante en jefe Fidel Castro Ruz pronunció la frase: “La Revolución no será una tarea fácil, la Revolución será una empresa dura y llena de peligros”, quizás muchos de los presentes en el Parque Céspedes de Santiago de Cuba y quienes lo escuchaban, no comprendieron el significado profundo de tal predicción.
Han transcurrido más de 67 años, y la lucha se ha intensificado en proporción directa con las medidas injerencistas, de presión y el bloqueo recrudecido por parte de los sucesivos gobiernos de Estados Unidos, acciones que buscan doblegar por hambre y otras necesidades al pueblo cubano y rozan lo que podría calificarse de fascismo.
Han intentado de todo: sanciones económicas y financieras, infiltraciones de personas y grupos violentos, agresiones armadas, acusaciones de apoyar el terrorismo, y, desde 2019, un endurecimiento extremo del bloqueo que incluye el suministro de combustible, los ingresos por remesas y persigue y amenaza a personas y países que colaboran con Cuba.
La cruda realidad es que una camarilla de delincuentes políticos, principalmente desde Miami, mantiene como rehén al gobierno de Estados Unidos, incitándolo a una posible invasión militar de la isla con el objetivo de destruir la Revolución, sin importar el costo, aun sabiendo que las consecuencias serían desastrosas no solo para los cubanos, sino para toda la región.
Hoy, junto al irrenunciable deseo de vivir en paz, la mayoría de los cubanos continúan trabajando y creando. A pesar de las limitaciones y carencias mantienen vivo el espíritu de todas las generaciones de revolucionarios cubanos, recordando que la patria es lo primero y que será defendida, pese a cualquier riesgo, incluso, personal.
El presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez lo reafirmó ante visitantes extranjeros el pasado 2 de mayo: “Creemos, como nos enseñó Fidel, en que un mundo mejor es posible”, y ante el “castigo colectivo y la asfixia total que nos quieren imponer, con el fin de provocar un estallido social y un cambio de régimen”, la respuesta es firme: “Cuba no está cruzada de brazos”.