En una ciudad donde el calor se aprende desde la cuna, Fátima Patterson Patterson (Santiago de Cuba, 6 de febrero de 1951) encontró muy tempro su vocación: hacer del arte un acto de amor y resistencia.
Actriz, dramaturga, fundadora de la Articulación Regional Afrodescendiente y Premio Nacional de Teatro 2017, su vida ha sido un monólogo constante contra la indiferencia.
A jornadas de celebrar el Día de las Madres, Fátima no pide flores. Pide justicia. La misma que ha defendido desde los escenarios y las calles.
La Maestra de juventudes de la Asociación Hermanos Saiz, afirma que la mayor parte de su tiempo la ha consagrado a proteger la idiosincrasia cubana, a las causas justas y a la lucha frontal contra cualquier forma de discriminación.
Asociada también a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, no se conforma con el presente. Sueña con la conjunción del pueblo desde la diversidad, con el mejoramiento del teatro santiaguero —el de la ciudad que ama con entrañas— y con una formación profesional y ética sólida para los creadores emergentes.
Mientras otras madres descansan, Fátima ensaya. Porque para ella, ser madre también es abrir telón y esperar que el público, al final, se reconozca en el espejo del otro.