Cada 12 de mayo, mientras el mundo recuerda el nacimiento de Florence Nightingale, hay un latido que no cesa en cada rincón de la ciudad Héroe Santiago de Cuba : el paso firme de sus enfermeras y enfermeros.
No es una efemérides más. En los hospitales heredados de la urbe, en los policlínicos de las lomas y en cada consultorio del barrio, ellos sostienen lo esencial.
No con grandes discursos, sino con la gasa, la jeringa, la palabra justa en el turno de la madrugada.Aquí, donde el calor y la historia pesan igual, la enfermería santiaguera ha tejido una red de humanidad resistente a los apagones, a la escasez, al cansancio.
Sus manos son el recurso que no falta, aunque falte lo demás.La jornada de hoy no es solo un homenaje. Es un llamado a mirarlos: en la unidad de cuidados intensivos, en la sala de niños, o en la casa del adulto mayor.
Porque ellos, en medio de las más duras circunstancias, ayudan a preservar lo más importante: la vida.
Y mientras el mundo debate sobre liderazgo e innovación en la práctica de enfermería, en Santiago hay una certeza: aquí, cada piquete, cada cura, cada silencio compartido con un paciente, es también una forma de igualdad y de futuro.
A ellos, los que nunca apagan su luz, va el reconocimiento profundo de una provincia que respira gracias a su oficio callado.
Foto: Tomada del perfil del Primer Ministro Manuel Marrero Cruz.