La patria convoca, no impone, y en su nombre, sus hijos asumen el deber de defenderla y honrarla, conscientes de que ese compromiso puede exigir el mayor sacrificio: entregar la sangre y la vida.
Y a ese llamado respondieron una vez más, y no la defraudaron: 32 hombres, verdaderos titanes, en la madrugada del 3 de enero en cumplimiento de la misión de proteger al presidente de la hermana República Bolivariana de Venezuela, no vacilaron y enfrentaron a tropas élites del ejército de los Estados Unidos (EE: UU), y ofrendaron sus vidas en cumplimiento de su deber.
De esos 32 héroes que combatieron y cayeron en Caracas, ocho eran hijos de Santiago de Cuba, y este viernes, con sus cuerpos marcados por las esquirlas de la metralla, regresaron a su tierra natal, a esta tierra de titanes, para recibir los honores merecidos antes de emprender el camino del descanso y del ejemplo eternos.
Que no se equivoquen los imperialistas y que no confundan las lágrimas del pueblo cubano con debilidad; que no se crean que la sangre derramada en la tierra de Bolívar fue en vano; que no olviden que la palabra rendición no existe en la doctrina militar cubana y que, para los revolucionarios de esta nación, “morir por la patria es vivir”.
Nada podrá aliviar el dolor ni llenar el vacío dejado por estos combatientes en el seno de sus familias y de su pueblo, y nada podrá devolverles las vidas truncadas, sin embargo, su sacrificio cobra mayor sentido en la lealtad, el honor y el amor con que defendieron no solo al presidente de un país hermano, sino también porque lo asumieron enfrentando al ejército del imperio más poderoso, arrogante y agresivo de la historia contemporánea.
Desde esa certeza y legado, este viernes 16 de enero, con el depósito de los restos mortales de los 32 héroes caídos en Venezuela, Cuba volvió a ratificar su unidad y su compromiso irrevocable con la libertad, la soberanía, la solidaridad y el internacionalismo, y quedó claro, una vez más ante el mundo, que la alternativa de los revolucionarios cubanos seguirá siendo: Patria o Muerte. ¡Venceremos!.