Como quien enciende una luz en medio de un paisaje que no concede demasiadas certezas, se abrieron las puertas de las escuelas, y con los estudiantes y los maestros regresaron también las familias, los barrios, la comunidad toda, convocada a acompañar, durante los meses que vienen, una tarea que siempre ha sido colectiva, pero que hoy adquiere un significado mayor.
Lo esencial, ya está hecho: comenzar, poner nuevamente en marcha la escuela, abrir las aulas, hacer sonar los timbres, volver a ocupar los pupitres, y hacerlo sabiendo que será inmensa la tarea, pero que vale la pena asumirla.
Quienes entran hoy a esas aulas no son los hijos de quienes intentan humillarnos; son nuestros hijos, los hijos de las familias que aquí viven, trabajan, esperan y resisten; son los hijos del futuro de la patria, aun cuando ese futuro se anuncie entre carencias, incertidumbres y dificultades que parecen multiplicarse.
Para los muchachos, regresar a la escuela tiene otros significados, más sencillos y más profundos: es volver a encontrarse con los amigos, intercambiar confidencias, correr por los pasillos, jugar, conversar, descubrir de nuevo la voz y el gesto de los maestros; es recuperar rutinas, proyectos, interrogantes; es retomar sueños que quedaron en pausa y, seguir soñando en grande.
El apóstol de la independencia cubana, José Martí Pérez, los llamó “la esperanza del mundo”, y quizás pocas veces como ahora esa predicción tenga tanta vigencia: son la esperanza de ese mundo mejor que los cubanos continúan intentando construir y conquistar.
La falta de recursos, las estrecheces económicas y las carencias de cada día pueden resultar asfixiantes, pero no obligarnos a renunciar al propósito esencial de la escuela: que siga siendo un lugar donde se aprende, se crece, se convive y se descubre el mundo.
Entonces, mantener un aula abierta, un maestro frente a sus estudiantes y un niño aprendiendo, es mucho más que cumplir con una fecha del calendario escolar; es sostener una idea de futuro; es preservar, en medio de la adversidad, un espacio para la esperanza.