Más de un millón de estudiantes de la enseñanza general, junto a sus maestros y familias, regresaron este martes 1 de septiembre a las aulas, al comienzo de un curso que tendrá entre sus mayores retos lograr, desde el primer día, la asistencia y permanencia de estudiantes y docentes.
Volver a la escuela significa algo tan sencillo y, a la vez, tan importante como reencontrarse con los amigos, jugar, conversar, ver a los maestros y tener la oportunidad de retomar aquello que quedó pendiente, sin embargo, las dificultades derivadas de la falta de recursos, así como las que genera la situación eléctrica del país, pueden empañar ese propósito.
Las primeras semanas en las escuelas permitirán, si así se considera necesario, identificar dificultades de aprendizaje y recuperar contenidos pendientes. Cada escuela buscará sus propias soluciones, de acuerdo con las características y necesidades de su comunidad, proceso en el que los maestros asumirán nuevas responsabilidades, las familias harán lo posible por garantizar la asistencia y los estudiantes, al reencontrarse con sus compañeros, recuperarán una parte importante de su vida cotidiana.
La educación es un derecho, pero también una responsabilidad compartida. Mantener las escuelas funcionando, acompañar a quienes enseñan y a quienes aprenden, y evitar que las dificultades profundicen las brechas serán tareas que trascenderán las propias aulas y comprometerán a toda la comunidad.
Porque, en las aulas estarán los hijos de miles de familias cubanas que esperan que la escuela sea, ante todo, un espacio para aprender, crecer y formarse, pero las dificultades como la falta de uniformes, mochilas y otros materiales básicos pueden hacerse visibles entre los estudiantes y marcar diferencias: el desafío será, entonces, evitar que esas carencias terminen convirtiéndose en desigualdades dentro de las aulas.
Preservar la escuela como espacio de aprendizaje, convivencia y futuro en tiempos tan difíciles, y lograr que el curso avance, será una tarea compleja, sin embargo, cada aula abierta, cada maestro frente a sus estudiantes y cada niño que vuelva a aprender, serán también una señal de que, en Cuba, la educación sigue siendo una esperanza que merece ser cuidada.