viernes 26 junio 2026

El transporte y el movimiento de una ciudad

Diez de la mañana en Santiago de Cuba; el cielo encapotado y, a diferencia de lo habitual para esa hora, no brilla el sol radiante que caracteriza a la ciudad, sin embargo, el calor sigue imponiéndose.

En la Avenida de Las Américas, la más extensa de Santiago y una de las de mayor tránsito vehicular, la ausencia de medios de transporte es casi total; apenas algunos vehículos rompen la inusual quietud de la vía.

Esta constituye una de las expresiones más visibles y dolorosas del bloqueo. La escasez de combustible golpea uno de los sectores más sensibles para el desarrollo económico y el bienestar de la población: el transporte de cargas y de pasajeros.

En Santiago de Cuba, esa realidad adquiere una dimensión aún más compleja debido a las particularidades geográficas de la provincia, donde las distancias entre municipios, el relieve predominantemente montañoso y la limitada disponibilidad de alternativas de transportación, como el ferrocarril para la movilidad cotidiana, refuerzan la dependencia casi absoluta del transporte por carretera y como consecuencia, cualquier afectación en el suministro de combustible repercute de manera inmediata en la movilidad de miles de personas y en el funcionamiento de servicios esenciales.

En la capital provincial, donde reside una gran parte de la población santiaguera, la realidad resulta especialmente agobiante. No faltan quienes sugieren, con insistencia, sustituir los medios de transporte convencionales por equipos eléctricos, sin embargo, la interrogante surge de inmediato: ¿cómo materializar de inmediato una transformación de esa magnitud?

 La respuesta implica recursos financieros considerables, inversiones sostenidas y el desarrollo de una infraestructura capaz de respaldar ese cambio, pero, aunque existe la voluntad del estado de avanzar hacia alternativas más sostenibles, las condiciones actuales no permiten asumir un proyecto de tal envergadura.

Trocha, Aguilera, Garzón, la Alameda, Paseo Martí, la Avenida de los Libertadores (tramo urbano de la Carretera Central), la Avenida de Céspedes y la Avenida de las Américas conforman el entramado vial más importante de la capital de Santiago de Cuba: por esas arterias transcurre habitualmente el intenso movimiento de una ciudad dinámica y laboriosa.

Sin embargo, hoy todas muestran una imagen similar: calles y avenidas inusualmente despejadas, paradas repletas de pasajeros y una movilidad limitada por la escasez de combustible,  realidad cotidiana visible en cada rincón de la urbe, que constituye una de las expresiones más palpables del impacto de la crisis energética que enfrenta el país y de las restricciones que dificultan el acceso a los recursos indispensables para garantizar el transporte y otros servicios esenciales para la población.

La inusual quietud que hoy domina las principales calles y avenidas santiagueras no es solo una consecuencia de la falta de combustible: es el reflejo visible de las limitaciones que impone el bloqueo genocida de los Estados Unidos contra Cuba, cuyos efectos alcanzan de manera directa la vida cotidiana de millones de cubanos.

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Los juristas son, en principio, servidores públicos imprescindibles.
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Joel @ No todo está perdido
abril 11, 2024 at 1:44 am
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