«Raúl es un hombre de una lealtad a toda prueba», dijo Fidel. No era un lazo de sangre, sino coincidencia ideológica profunda. En un episodio poco conocido de la guerra, Raúl interpuso su cuerpo entre la pistola de un insubordinado y Fidel.

Ese gesto lo define: un hombre de paradigma, revolucionario, general por siempre.Desde Santiago de Cuba, la segunda ciudad en importancia del país, nos unimos para decir no a la canallada que el gobierno de Estados Unidos pretende lanzar injustamente contra nuestro General de Ejército.

El Gobierno Revolucionario condena en los términos más enérgicos esa infame acusación. El gobierno yanqui no tiene legitimidad ni jurisdicción para señalar a Raúl.
Es una despreciable provocación política, montada sobre la manipulación de los hechos de febrero de 1996, cuando fueron derribadas dos avionetas de la organización terrorista Hermanos al Rescate, que había violado reiteradamente nuestro espacio aéreo.
Cuba denunció más de 25 violaciones graves entre 1994 y 1996, advirtió pública y oficialmente, e incluso envió alertas directas al presidente de Estados Unidos.
La respuesta cubana fue un acto de legítima defensa. Ningún país soberano toleraría lo que Estados Unidos no tolera: la violación hostil de su cielo, que ha respondido con el uso de la fuerza.

El cinismo es mayúsculo: el gobierno yanqui ha asesinado a cerca de 200 personas y destruido 57 embarcaciones en aguas internacionales por supuestos vínculos con narcotráfico, nunca demostrados. Ahora acusa a Raúl. Su inacción ante nuestras alertas no fue inocencia, fue complicidad.
Esta acusación espuria se suma al castigo colectivo del bloqueo y a las amenazas armadas.

Pero la Mayor de las Antillas ratifica su compromiso con la paz y su derecho inalienable a la defensa.
El pueblo reafirma su decisión inconmovible de defender la Patria y respaldar, con toda la fuerza y firmeza, a nuestro General de Ejército, por siempre leal, por siempre Raúl.
