Cada 4 de mayo el mundo homenajea a los bomberos. Pero este sábado, antes de la fecha, Santiago de Cuba tuvo una razón más para entender por qué sin ellos la sociedad estaría más vulnerable ante el peligro.
Hay días en que una fecha del calendario se adelanta, toma cuerpo de humo y se cuela por las rendijas de una casa cualquiera. Así ocurrió en la tarde del sábado en el número 278 —interior 1, 2 y 3— de la calle Gasómetro, entre 4 y 6, en el Reparto Mariana de la Torre, Consejo Popular Vista Hermosa.
No era 4 de mayo todavía. Pero el fuego no consulta el almanaque.
Las llamas crecieron con una prisa que asusta. Devoraron techos, muros, recuerdos. Al final, cuatro viviendas quedaron heridas: tres de forma parcial, una de forma total. Escombros donde hubo risas. Ceniza donde hubo ternura. Y una comunidad entera conteniendo la respiración.
El momento que hace repensar todo:
En medio del vértigo, una pregunta recorrió el barrio más rápido que el propio incendio: ¿quién va a detener esto?La respuesta llegó con cascos, mangueras y una tradición de valentía silenciosa: los bomberos.
Hombres y mujeres que, justamente hoy 4 de mayo, el mundo homenajea por enfrentar el peligro más siniestro. Pero que ya el sábado pasado estaban en Gasómetro, sin esperar la fecha, sin pedir permiso al miedo.
Allí estuvieron los jóvenes bomberos. Los que entraron al calor más hostil mientras los vecinos retrocedían. Y cuando el incendio fue finalmente sofocado —después de minutos que parecieron siglos—, no pidieron aplausos. Se quedaron un instante, en silencio, mirando los escombros humeantes.
Fueron los vecinos quienes hablaron entonces. No para señalar daños, sino para agradecer. Reconocieron uno a uno a aquellos muchachos. Porque verlos en acción no es solo ver apagar un incendio: es comprobar que todavía hay personas dispuestas a correr hacia donde todos huyen.
Reflexión sobre la fecha y la sociedad:
Hoy, 4 de mayo, las banderas y los discursos recordarán la labor mundial de los bomberos. Pero Santiago de Cuba ya tuvo su lección anticipada: la de un sábado cualquiera en que el fuego pudo ser tragedia absoluta y no lo fue, porque ellos estaban.
El Cuerpo de Bomberos se personó en el lugar. Las autoridades hicieron su trabajo. Pero quienes grabaron a fuego —valga la paradoja— la memoria del barrio fueron esos bomberos jóvenes, anónimos, que con cada chorro de agua iban escribiendo una sola frase: la vida ante todo.
Por eso este 4 de mayo invita a repensar. No solo a felicitar.
A preguntarnos qué sería de nuestras ciudades, de nuestros barrios, de la calle Gasómetro, sin esos hombres y mujeres que duermen con un ojo cerrado y el otro atento a la sirena.
Cuba les agradece. Santiago les agradece. Y cada techo que sigue en pie, cada familia que aún tiene un hogar aunque sea parcial, es un testimonio mudo de que los bomberos no son un lujo: son una necesidad profunda, cotidiana, irremplazable.
Con información del periódico Sierra Maestra.
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