Es 4 de abril y en el Caribe amanece con olor a promesa. La fecha, grabada en el corazón de varias generaciones, celebra hoy el aniversario 64 de la Unión de Jóvenes Comunistas y, como un eco fraterno, los 65 años de la Organización de Pioneros José Martí.
Dos edades que corren paralelas, como ríos que nacen en la misma montaña.Desde esta esquina sur de la isla, donde la cordillera se asoma al mar y la historia se respira en cada callejón, decimos: como toda la nación caribeña, nos unimos al festejo.
No por costumbre, sino por convicción. Porque aquí la juventud no es un tránsito, es un territorio conquistado.
Fidel lo intuyó aquel abril de 1962, cuando habló de pureza, heroísmo y esa rara mezcla de entusiasmo y responsabilidad. Y tenía razón: sobre los hombros jóvenes —los que bajaron de la Sierra, los que empuñaron el fusil en Girón, los que enseñaron a leer en el fragor de los sesenta— se podían depositar las grandes tareas.Han pasado los años, y el bloqueo —ese sitio cruel que Washington renueva con saña— no ha logrado secar la savia.
Los Pinos Nuevos de hoy estudian, trabajan, investigan vacunas, cosechan en el campo, cuidan enfermos y defienden en las trincheras digitales la verdad que otros pretenden enterrar bajo toneladas de mentira.
El 2026 ya asoma con el centenario del Comandante. Y la juventud cubana, lejos de doblegarse, afila su ingenio.
No hay asedio que opaque la alegría. No hay carestía que robe la esperanza.Porque en esta isla —y muy especialmente desde Santiago— los jóvenes no solo sobreviven: construyen, cantan, resisten y festejan.
Hoy, con dos velas encendidas y el compromiso intacto de seguir siendo, como dijo Martí, pinos nuevos.