La primera vez que Thiago Ávila pisó suelo cubano fue en 2009. Tenía 24 años y formaba parte de una brigada de solidaridad que llegaba a la isla para realizar trabajos voluntarios.
“Yo digo muchas veces que entré brasileño y salí latinoamericano e internacionalista”, recuerda. Desde entonces, su vínculo con Cuba se ha fortalecido: en los últimos 17 años ha visitado la mayor de las Antillas en diez ocasiones, pero está vez, regresa como organizador de la caravana internacionalista de solidaridad con Cuba.
Ávila se define como internacionalista, comunicador y ambientalista en Brasil. Su compromiso lo ha llevado a participar en conferencias, coloquios y brigadas de apoyo, siempre con la idea de ser útil y acompañar a un pueblo que, asegura, “inspira al mundo”.
Solidaridad más allá de Cuba
El activista también ha extendido su labor a Medio Oriente. Thiago ha integrado misiones de apoyo a Palestina, intentando romper el cerco naval y llevar ayuda humanitaria a la Franja de Gaza. “Hemos sido interceptados, atacados por drones y barcos israelíes, incluso encarcelados”, relata sobre las operaciones que buscan abrir corredores humanitarios.
Ávila denuncia las condiciones de vida de la población palestina y recuerda las palabras de Víctor Jara: “Los niños tienen derecho a vivir en paz”. Según sus testimonios, miles de menores han muerto o quedado mutilados en los últimos años, una realidad que considera inaceptable.
Para él, las agresiones imperialistas han despertado una conciencia mayor en la juventud y en los movimientos sociales. Esa conciencia, afirma, se traduce en apoyo a Cuba, Venezuela, Colombia y otros pueblos que enfrentan presiones externas. “Los tiempos son difíciles, vivimos una crisis sistémica, pero estoy convencido de que avanzaremos hacia victorias concretas e importantes”, sostiene.
Con una trayectoria marcada por la solidaridad y el compromiso internacionalista, Thiago Ávila se ha convertido en un referente de las brigadas que buscan tender puentes entre pueblos y denunciar las injusticias globales. Sus experiencias en Cuba, Palestina y otros escenarios de resistencia lo colocan en la primera línea de quienes defienden la paz y la cooperación como valores universales, convencido de que la conciencia colectiva será la base de las transformaciones futuras.