Por: Alfredo Castañeda Ascanio.
La Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en la oriental Santiago lleva su campaña contra la Violencia de Género directamente al corazón de los barrios, transformando espacios cotidianos en escenarios de diálogo, instrucción y resiliencia.

Los 25 de cada mes, las calles de la comunidad santiaguera de Altamira se teñiran de un color simbólico: el naranja.
No es un simple cambio cromático, es la manifestación tangible de un compromiso colectivo. Más allá de una simple actividad, estas jornadas —conocidas mundialmente como el #DíaNaranja— se erigen en Altamira como un puente solidario.
Su misión es doble y profunda: iluminar y acompañar. Iluminar con información clara que desmonte mitos y nombres sin temor una realidad que a menudo se oculta entre paredes.

Y acompañar, ofreciendo una mano firme y una ruta clara a quienes, en silencio, puedan estar viviendo la angustia de la violencia.
“No estás sola”. Este mensaje, cargado de empatía, es el eje de las conversaciones.
Voluntarias y especialistas de la FMC instruyen a la población, detallando las múltiples formas que puede adoptar la violencia de género —física, psicológica, económica— y, lo más crucial, brindando orientación concreta sobre los pasos a seguir para buscar ayuda.

La comunidad aprende no solo a identificar las señales de alerta en sus propias vidas, sino también a convertirse en una red de apoyo para vecinas y familiares.
El enfoque es particularmente sensible hacia las niñas y mujeres, priorizando la creación de conciencia sobre su derecho a una vida libre de violencia.
Se siembra, así, una semilla de cambio cultural: la idea de que el respeto y la igualdad son cimientos no negociables para la convivencia.

Estos encuentros en Altamira son más que una campaña; son un acto de fe en la comunidad y en su poder transformador.
Representan la decisión de salir al encuentro, de llevar la esperanza y los recursos a donde la gente vive, sueña y, a veces, sufre.

Cada 25 de mes, el naranja no es solo un color. En esta comunidad santiaguera, es un faro que recuerda que juntas, informadas y unidas, es posible construir un futuro donde el miedo ceda su lugar a la dignidad.