En el corazón del municipio de San Luis, provincia de Santiago de Cuba, late con fuerza un proyecto que va más allá del ladrillo y el cemento.

En el barrio Julio Maceo, una transformación tangible se alza con esperanza: la construcción de un nuevo asentamiento poblacional que promete cambiar vidas.


Bajo el sol, avanzan con ritmo constante las estructuras de las viviendas tipología IV. Con su armazón de madera y cubiertas de zinc o fibrocemento, estas casas no son solo un refugio, sino un símbolo de resiliencia y esfuerzo colectivo.

El objetivo es claro y humano: entregar, para el próximo mes de marzo, las diez primeras de un total de treinta viviendas previstas.

La obra es un ejemplo palpable de colaboración.
Brigadas especializadas de Mantenimiento Constructivo, Viales, la Empresa de Materiales de la Construcción y la Empresa Agroforestal son la columna vertebral de esta ejecución.

Pero el alma del proyecto la ponen los trabajadores de otros sectores, quienes, en gesto desinteresado, suman sus manos en jornadas voluntarias.

Cada clavo puesto, cada panel elevado, es el resultado de un “nosotros” que se hace fuerte ante las necesidades.

La verdadera esencia de este esfuerzo tiene nombre y rostro: familias que durante mucho tiempo vivieron en situación de vulnerabilidad, muy cerca de la línea ferroviaria.

Para ellas, estas nuevas casas significarán más que un techo seguro; significarán tranquilidad, dignidad recuperada y la posibilidad de echar raíces en un entorno protegido.

Este asentamiento en San Luis es, en definitiva, la materialización de una promesa comunitaria.
Es la prueba de que, cuando una sociedad une sus voluntades, los cimientos que se levantan son los de un futuro más justo y solidario. Julio Maceo no solo gana nuevas calles, gana un nuevo porvenir.
-
Periodista
Ver todas las entradas