domingo 11 enero 2026

Un Héroe que no se apaga (+Fotos)

En las calles que suben y bajan del Consejo Popular Boniato, en Santiago de Cuba, el aire parece guardar una memoria distinta.

No es solo el sol oriental, intenso y fiel, lo que caldea estas barriadas. Es otra cosa, más profunda, un sentimiento que los vecinos nombran con dos palabras que aquí no son lema, sino latido:» Honor y Gloria».

No se gritan; se respiran. Y en ese aliento colectivo perdura la huella imborrable de un hijo del barrio: Alejandro Rodríguez Royo.

Estas casas, estos caminos, fueron el primer escenario donde se forjó el temple del revolucionario.

Aquí creció, aquí sus pasos se hicieron firmes, aquí aprendió que la lealtad es una semilla que se planta en la comunidad antes de florecer en los grandes combates.

Hoy, esas mismas calles son el silencioso custodio de su leyenda.El destino, con su geografía inesperada, llevó a Alejandro más allá del mar.

Como Primer Teniente del Ministerio del Interior, su deber se vistió de compromiso.Fue escudo en tierra venezolana, integrante del Anillo de Seguridad Personal del Presidente Constitucional, Nicolás Maduro Moros.

Su valor no fue solo un atributo, sino una trinchera: un coraje sereno y feroz frente a la sombra del enemigo.

En el ataque militar contra la Hermana República Bolivariana de Venezuela, su vida se entregó junto a la de otros 31 compatriotas.

Cayó defendiendo una soberanía ajena que, para él, era tan propia como la de su Patria.

Hoy, 8 de enero, el calendario marca lo que sería su cumpleaños 36.

Pero en Boniato, el tiempo no pasa de la misma manera. En la humilde cooperativa Domingo Hernández, el recuerdo no es un acto del pasado, sino una ceremonia viva.

Allí se congregaron, no por obligación, sino por necesidad del corazón, la dirección provincial de la ANAP , las organizaciones políticas y de masas, vecinos y, sobre todo, su familia.

Su familia. Ellos, los de la sangre y el dolor más íntimo, conviven con una certeza que el olvido no podrá erosionar: la imagen de Alejandro sigue intacta en el santuario de sus pechos.

Su sonrisa, su carácter, su esencia, no se fueron. Se transformaron en una presencia quieta y poderosa que habita en cada rincón donde él pisó, en cada anécdota que se susurra con orgullo, en cada mirada de quienes tuvieron la dicha de conocerlo.

El tributo de hoy no fue de lamentos, sino de reafirmación. Fue tejer, entre todos, un puente de memoria entre la tierra santiaguera que lo vio nacer y la tierra venezolana que bebió su sacrificio.

Alejandro Rodríguez Royo ya no es solo un nombre en una lista de héroes.

Es el eco de una risa en una esquina, es el ejemplo que un niño del barrio escucha, es la razón por la que en Boniato las palabras «Honor y Gloria» no son de piedra, sino de carne, de pueblo y de eterno regreso.

Su luz, como la de su Santiago, permanece encendida: latente, fiel, inextinguible.

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Joel @ No todo está perdido
abril 11, 2024 at 1:44 am
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