jueves 08 enero 2026

Carlos J. Finlay científico cubano y benefactor de la humanidad

El 19 de agosto de 1915 dejaba de existir a la edad de 82 años el prestigioso científico cubano y benefactor de la humanidad, Carlos Juan Finlay, descubridor del mosquito Aedes Aegypti como transmisor de la fiebre amarilla, una enfermedad que en el siglo XIX mató a centenares de miles de personas sobre todo en países de clima subtropical y tropical.

Finlay, quien había nacido el 3 de diciembre de 1833 en Camagüey, se doctoró en Medicina en el Jefferson Medical Collage, de Filadelfia, y revalidó su título en la Universidad de La Habana. Ya para esa época la fiebre amarilla constituía un verdadero azote, del que se desconocían por completo las causas y el modo de transmisión.

Los signos externos de la fiebre amarilla y su gravedad dependían de la variante de la enfermedad. A veces se iniciaba con inapetencia, escalofríos, estreñimientos, vértigos y cefaleas. A las víctimas se le inyectaban los ojos, se le resecaba la piel, se le congestionaban las mucosas del estómago y el hígado, hacía fiebre, le disminuía la función cardíaca y tenía vómitos negruzcos. El enfermo fallecía a los tres o diez días de contagiarse con el mal.

Carlos J. Finlay dedicó veinticuatro años de su existencia a las investigaciones acerca de las causas de esa terrible enfermedad hasta que en agosto de 1881 expuso ante la Academia de Ciencias de La Habana, su teoría de que el mosquito Aedes Aegypti era el agente transmisor de la fiebre amarilla, resultado que ya había dado a conocer en febrero de ese mismo año, en la Conferencia Sanitaria Internacional de Washington.

Ya para ese mismo período una comisión científica norteamericana que también estudiaba el tema, fracasó en sus resultados y pidió a Finlay comprobar la teoría elaborada por él. Sin embargo, la Fundación Rockefeller tomó parte en el asunto, y por orden del gobierno de Estados Unidos orquestó una campaña para atribuir al Doctor Walter Reed la supremacía del descubrimiento.

Pero la actividad científica de Finlay tuvo tal alcance que fue propuesto para el Premio Nobel de Medicina, mientras que Francia e Inglaterra le concedían altos reconocimientos por su aporte a la humanidad al descubrir el agente transmisor de la fiebre amarilla y posibilitar su enfrentamiento y eliminación.

Los aportes de Carlos J. Finlay a la ciencia fueron muchos y su vida dedicada a las investigaciones de la fiebre amarilla y otras enfermedades le valieron el respeto y consideración de sus contemporáneos, quienes lo distinguieron como el Gran Benefactor de la Humanidad.

Hoy 19 de agosto recordamos a este insigne camagüeyano cuando se cumplen 110 años de su muerte.

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Los juristas son, en principio, servidores públicos imprescindibles.
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Joel @ No todo está perdido
abril 11, 2024 at 1:44 am
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