Adiós al 2023, ya se escucha en cualquier esquina de Santiago de Cuba, a pesar de la situación tensa desde el punto de vista económico, pero la mulata de cinco picos no se detiene, ni se da por vencida.
Ella sube y baja lomas, se tensa la licra, luego los ajustadores y aprieta bien el moño porque el recorrido es largo y duro en medio de estos días invernales cuando las ráfagas de vientos parecen arrancar los cimientos de las calles y casas…“¡Canta el Mono de Verdad!
Allá va ella, revuelve cada esquina y grupos, para el tránsito ante tantos choferes asombrados por la mulata de cinco picos que nadie sabe cómo se llama, pero gusta vestir de rojo y blanco, Changó por un lado y Obatalá por el otro, dice no tener miedo, pero anda con la verdad en la mano, amparada por sus guerreros, resguardada con una banda roja cruzada al pecho, como Oba Moró, y gusta cantar, reír, saludar a todos porque se sienta dueña de los caminos.
Como la mayoría de las cubanas, la mulata de cinco picos integra la FMC (Federación de Mujeres Cubanas) ayuda a cualquiera sin preguntarle el nombre, la edad o los credos; ahora mismo se enroló en un taller de emprendimientos y sueña con tener su propio negocio amparado por la actual ley cubana, ya sea una cafetería o punto de manualidades, pero “algo hay que hacer y no esperar a recibir gratuitamente”, piensa.
Para fin y comienzo de año, la mulata de cinco picos quiere estar con su familia en casa, tranquila, bien serena ante los vientos fuertes que se avizoran. Ella no fuma, ni es bebedora, pero si hay que darse un trago fuerte y bendecir a los guerreros, claro que lo hará. Ahora mismo se sienta en el primer muro que halla en su camino por Padre Pico, vale la pena una pausa, más si llega con el sonido de la clave y el bongó, el cencerro y la corneta más tarde, hasta que de repente regresan las lluvias como despojo natural. “¡Gracias San Pedro!”, dice ella y cuando se dispone a continuar en busca de viandas, hortalizas o algo más para obedecer el gobierno de las tripas, llega el trueno y con él un fuerte chaparrón propio del trópico.
La parada se prolonga al filo del mediodía y pronto se hará tarde; comenta con otros en la espera, y de pronto, un carretillero le ofrece viandas, hortalizas cultivadas en las alturas de Quintero, por donde bajan los manantiales de la sierra hasta los surcos de los predios de la Universidad de Oriente.

¿Cuánto es por libra? La mulata de cinco picos se asombra de los bajos precios que lleva el sexagenario quien inmediatamente le responde: “Estamos en fin de año y yo sé que la cosa está dura, pero esos tres kilos que pudiera ganar con altos precios, se convertirían en el limón más amargo que pudiera probar, linda”.
“¡Gracias, a usted!” Ripostó la mulata de cinco picos. Sabía que no regresaría con las manos vacías y que la dignidad sobrevive y te besa en cualquier esquina, por eso, esta santiaguera disfruta cada paso, porque el sol está en su punto mayor y ya son las dos de la tarde en Santiago de Cuba.