Este Día de las Madres en Cuba repercutió en tanto el contexto histórico es muy particular para una fecha muy sagrada, pero ahora muy tensa por las amenazas de invasión estadounidense y el aumento del bloqueo económico, comercial y financiero del gobierno de los Estados Unidos contra el pueblo pacífico de este archipiélago nacional.
«La China» y sus hijos prefieren nombrarla «Mamá», lo cierto es que gracias a su familia no está sola y está segura que dejará muy detrás sus actuales 85 años.

Hoy tiene Zoeleang Chang Hierrezuelo 4 hijos, 10 nietos, 8 biznietos y está en camino el primer tataranieto.
Zoila, María, Graciela, Raysa, Andrea, Sheyla, Yulia y Catalina si bien son nombres que se repiten en la provincia Santiago de Cuba, también tienen muchas cosas en común:
Dígase de la resiliencia habitual ante situaciones de carencias por el recrudecimiento del bloqueo como política hostil contra los derechos elementales de millones de cubanas.
Madres que cambian su horario de cocina, lavados, limpieza del hogar, sin contar sus responsabilidades de atención directa a los hijos o nietas y los asuntos laborales o de estudios.
La carga se multiplica para aquellas madres quienes laboran lejos del hogar, o en el caso de aquellas enfermas de cáncer, las que tienen algún familiar con discapacidad y se halla entre las cincuenta mil personas que esperan una intervención quirúrgica.
Ellas resisten y no abandonan, ni negocian sus compromisos, madres enroladas directamente en la defensa, en el sagrado deber por la vida, multiplicadas en la preparación militar para enfrentar cualquier agresión imperialista, entretanto, no faltan las científicas, innovadoras y desarrolladoras en nuevas formas de gestión económica.
La Madre de los Maceo dejó más que un hito, una convocatoria eterna por respeto y honor de todas las cubanas que aman su Cuba linda y soberana, libre e independiente.
A las Madres cubanas les debemos un monumento cumbre. Son referencias indiscutibles de cómo devienen como horcones de familias y referentes en la resiliencia de un pueblo que sólo quiete vivir en Paz, desarrollar la ciencia, la agricultura, mejorar su hogar, integrarse más profundo en la cultura, y a la educación.
Tener derecho a vivir en armonía, sin amenazas de invasión, ni presiones, mucho menos chantajes y reír con sus hijos con una frase simple y universal:
¡Aquí está Mamá!