El Bloqueo es mucho más de lo que se imaginan millones de personas dentro y fuera de Cuba, porque ni es un embargo, ni es simple, ni nueva disposición ratificada por el gobierno de Donald Trump. Es ley., aunque implique Terrorismo de Estado, irrespeto a la autodeterminación nacional, atentado contra la soberanía cubana y violación de la independencia de un país ubicado en Zona de Paz.
Nunca se fue la política yanqui del «Buen Vecino», por el contrario, actualiza su injerencia con nuevos ingredientes del bloqueo como estrategia criminal contra una nación pacífica como Cuba.
Data el bloqueo no desde 1821 como reiteran algunos historiadores, porque desde la Guerra de las Trece Colonias Inglesas, se dijo de la producción azucarera cubana y de lo que implicaría para la seguridad de la agricultura en el sur de los Estados Unidos. Vendría un Theodoro Roosevelt a enfocar a Cuba, tres años más tarde aparece el expansionismo de Thomas Jefferson. Entre sus postulados estuvieron las estrategias de “espera paciente” para apoderarse de Cuba
Bajo esa proyección surge la denominada Doctrina Monroe, formulada bajo la frase “América para los americanos”, pero unos meses antes de la Doctrina Monroe, Quincy Adams había redactado la política de la “fruta madura”.
No es casual que Martí advirtiera del norte revuelto y brutal, del fenómeno del anexionismo que luego tuvo su ex colega del Partido Revolucionario Cubano, Don Tomás Estrada Palma, el primer presidente de la República con la Enmienda Platt tras el abierto intervencionismo estadounidense que dejó claro el slogan: «América para los americanos», actualizado en el corolario de Trump 2026 y con un Departamento de Guerra que subraya que el hemisferio occidental les pertenece, pero implica un borrón geopolítico. Y en todo esto está latente como eje: el bloqueo.
El bloqueo va parejo y pertenece al archiconocido manual de guerra siempre actualizado con etapas que no son fijas como se demostró en invasiones a Irak, Libia, Afganistán, ahora en Irán, por ejemplo, donde la guerra hibrida fue primero que el bloqueo actual al estrecho de Ormuz.
Se trata de una política vieja y frustrada. Bloqueo a través de campos de concentración al estilo nazi hubo mucho antes en el siglo XIX, cuando Valeriano Weyler intentó exterminar la resistencia de Cuba, por cierto, en El Caney, estuvo una buena parte de la población santiaguera y pudo sobrevivir gracias a los mangos y a la estirpe de luchas como tradición e inherente al pueblo criollo, irredento, inclaudicable e indomable.

El Bloqueo no es nuevo, ni dócil porque se pretende asfixiar a un pueblo entero hasta la muerte, no disimula, se vale de disposiciones, memorándums, declaraciones sobre supuesta inseguridad para los Estados Unidos, decretos-leyes, medidas coercitivas, amenazas de invasión y hasta amenazas y sanciones contra el presidente, su familia, y otras personalidades e instituciones u organismos no gubernamentales.
Ya está reprobada la ineficiencia e inhumanismo del bloqueo, su violencia, carácter extraterritorial y manipulación mediática, cual política hostil sin importar cada victoria anual de Cuba en la ONU, el aumento de la solidaridad mundial y el repunte de la unidad popular y la innovación ante colosal cerco criminal.