Tokio 2020: Dioses del canotaje regalan la tercera de oro para Cuba

Pocas veces en las últimas olimpiadas una final ha levantado a tantos cubanos de sus asientos, anoche el canotaje provocó asombro, calor, gritos y quizás hasta presión alta en los habitantes de este archipiélago de las Antillas Mayores.
Tokio 2020: Dioses del canotaje regalan la tercera de oro para Cuba

Santiago de Cuba, 3 ago.— Pocas veces en las últimas olimpiadas una final ha levantado a tantos cubanos de sus asientos, anoche el canotaje provocó asombro, calor, gritos y quizás hasta presión alta en los habitantes de este archipiélago de las Antillas Mayores.

En la lista de salida de la prueba por el oro en el C2 1000m los cubanos Serguey Torres y Fernando Dayan Jorge largaron por el carril 3 con todas sus fuerzas.

A su lado remaban los chinos Hao Lui y Pengfei Zheng, ganadores del heat semifinal junto a los cubanitos. La historia en el Canal Sea Forest este 3 de agosto sería diferente.

En Rio 2016 habían quedado sextos y como dupla alcanzaron en veces la plata en campeonatos del mundo.

Al pasar 4tos en los primeros 250m toda Cuba los empujaba, todos remábamos con ellos para que avanzaran.

A partir de ese momento poco a poco irían levantando, con cada paletada desde este lado del mundo la emoción crecía.

Los alemanes Sebastian Brendel y Tim Hecker tenían el mejor tiempo de la clasificación con 3.26.812. En la final lo daban todo para llegar entre los primeros.

Ya en los primeros 500m pasan segundos los isleños a menos de un bote de los chinos que llevaban un ritmo indetenible.

Y todos mirábamos el televisor, queriendo ver más allá, buscando que la canoa con el nombre de Cuba se fuera delante.

Y un dato nos alienta, el ritmo de paletada de nuestros representantes subía a 17.3 kilómetros por hora, toda una proeza, mientras mantenían firmes la segunda posición.

Y cuando quedaban solamente 250m para la meta ahí si vimos la luz al final del túnel, cual dioses indígenas cada movimiento iba mejor coordinado que el anterior.

Los chinos respiraban y otra vez el televisor nos mostraba la corta distancia entre una coana y otra; y el oro estaba ahí. Los últimos cinco metros nos dejaron sin aliento. La medalla de oro llegó para esta dupla jamás colocada entre los favoritos, una medalla jamás pronosticada por los especialistas, una medalla disfrutada a corazón abierto por cada cubano.

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