Cero

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La Habana, 21 jul.— El Dr. Durán anunció este lunes el cero. En casi 3 000 pcr ningún positivo. Al fin el número mágico había llegado. Me río en solitario porque pienso que es raro celebrar el 0 como victoria.

Aunque después haya algún caso, y todavía quede terreno por andar, podemos comenzar a celebrar el triunfo sobre la pandemia. Un aplauso, como el de cada noche, por la vida. Una victoria de Cuba. Me parece lo justo. Me cuesta dividir el éxito en pedazos. Porque es el sistema Cuba, la organización social y la institucionalidad del país, sus principios, su ética, sus modos de actuar, una y otra vez probados y perfeccionados, la solidez del edificio de sus conocimientos, el amparo universal y popular de su práctica médica, sanitaria y científica, los que, en conjunto, explican esta conquista.

El premio se expresa también en la bajísima cifra actual de casos activos y en esa cadena sostenida de ceros en los acápites de graves y críticos. Podemos imaginar la perfección alcanzada por los protocolos de tratamiento contra la COVID-19 y la eficacia en su combate de las producciones biotecnológicas cubanas. Dicho engranaje explica los poquísimos fallecidos, un verdadero blasón en la lucha contra el coronavirus.

Habrá que estudiar y multiplicar las muchas lecciones de este periodo insólito. Una de ellas es la nueva visibilidad ganada por la salud y la ciencia. Merecimiento total. El viernes veía en la Mesa Redonda a dos médicos de Jovellanos, el modesto municipio de Matanzas. Uno veterano, otro joven, negros ambos. Con seguridad, venidos de abajo, desde el genio presente en el pueblo cuando la gente tiene oportunidad de estudiar y formarse. No es difícil calcular que se mueven entre carencias materiales, pero lo decisivo son ellos, su soberanía del conocimiento, su compromiso visible, la conexión con un sistema sanitario y social que no los deja aislados.

Observar esas hondas intervenciones, como otras muchas de todos los sectores, que se pueden leer o escuchar de modo habitual entre nosotros, me ratifican en la importancia crucial de algo que denomino el nivel 0: el de una población educada y preparada para comprender. Algo que a los cubanos nos parece normal, pero no es tan normal. Ese cimiento, que está en todas partes y no se «ve», es la gran fuerza creada por el país desde dentro.

Aunque parezca un juego de palabras, ese solidificado nivel 0 es lo que nos permite celebrar hoy el 0 absoluto. Un 0, con permiso de los sabios matemáticos, que esta vez no es vacío. Es un cero con Cuba cruzada de arcoíris. (Omar Valiño)

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