La profesora Amalia lleva varios días sin poder conciliar el sueño. “Son tantas las preocupaciones ante el inicio del curso escolar que apenas queda tiempo para organizar el programa”, comenta. La descentralización de los estudiantes, que serán atendidos en sus respectivos municipios y áreas de salud, añade nuevas interrogantes: “Existe incertidumbre sobre cómo se garantizará la continuidad de los programas de estudio y la calidad de estos”, explica.
Y aunque agosto y el período vacacional aún no han llegado a su fin, como la profesora Amalia miles de docentes universitarios y maestros del sistema general de enseñanza ya se preparan para el regreso a las aulas, mientras que las familias comienzan a mirar el calendario con la certeza de que el verano llega a su fin y septiembre está a la vuelta de la esquina, con el nuevo curso escolar lleno de preocupaciones y el desafío de volver a empezar.
Agosto se despide en un contexto en el que la economía familiar obliga a establecer prioridades: decidir qué comprar primero, qué puede esperar y qué, sencillamente, habrá que reutilizar, al tiempo que los precios, las dificultades para acceder a determinados productos y las tensiones de la vida cotidiana convierten cada adquisición en un desafío.
Las familias sacan cuentas y vuelven a sacarlas para encontrar la manera de que el presupuesto alcance, mientras quienes tienen estudiantes en casa procuran que el regreso a las aulas no se traduzca, para sus hijos, en una lista de privaciones: se revisan mochilas y uniformes; se rescatan libretas que todavía conservan páginas útiles, se comprueba qué zapatos pueden resistir un curso más, y se buscan alternativas para completar lo que falta.
Pero agosto deja también otra imagen: la de niños y familias que han disfrutado las vacaciones dentro de sus posibilidades; la de vecinos que comparten lo que tienen y la de abuelos que, de una manera u otra, contribuyen a preparar el regreso a la cotidianidad, donde la vida encuentre espacios y alternativas para continuar.
Así termina agosto en Cuba: en medio de una situación económica que ha obligado a modificar hábitos, reducir gastos y buscar soluciones allí donde antes bastaba con ir a comprar; se marcha el verano y septiembre comienza a ocupar cada vez más espacio en las preocupaciones familiares: el tránsito hacia el nuevo curso escolar estará marcado por necesidades, incertidumbres y limitaciones, pero también por la voluntad de garantizar que los estudiantes regresen a las aulas y puedan continuar su formación.
Agosto se despide dejando atrás largas jornadas de calor y los apagones que también han acompañado la cotidianidad de muchas familias. En las calles quedan las últimas horas de vacaciones, los niños que todavía juegan hasta tarde y los hogares que comienzan a prepararse para septiembre.
Quedan las preocupaciones y los desafíos de lo que está por venir, pero permanece también la voluntad de seguir adelante, de acompañar a los estudiantes y de aportar, desde cada espacio, a la construcción de un futuro mejor.
Cuando suene el primer timbre, comenzará un nuevo curso, y con él, volverá a las aulas una certeza que ha acompañado a varias generaciones: la educación continua siendo una vía esencial para formar, crecer y construir futuro.