El amor a la vida y al oficio es la fuerza secreta que las sostiene. Por eso siguen ahí, decididas y luminosas, activas en su delegación de base de jubilados de la Unión de Periodistas (UPEC) en Santiago de Cuba.
Son el corazón que late dentro de la delegación: mujeres que, aun cuando los años les imponen pausas y límites, se resisten a la idea de volverse invisibles y continúan empujando, convocando, animando a los compañeros que intentan seguirles el paso.
Y no es tarea fácil. Sostener el ritmo de la jefa Mercedes, con ese entusiasmo que la distingue y que parece no agotarse nunca; con esa disposición inmediata y ese torrente de ideas, resulta casi imposible.
De estas compañeras de la delegación de jubilados queríamos hablar durante la jornada por el Día Internacional de la Mujer, pero se mezclaba con la jornada por el Día de la Prensa Cubana y, además, una de ellas, María del Carmen, iba a ser reconocida; entonces decidimos aprovechar ese instante en que recibió el Premio Pequeña Pantalla y el Sello 75 Aniversario de la Televisión, y así ocurrió.
Mercedes, Marlenes, Elvira, María del Carmen, Coral y Aida son el ejemplo vivo de las mujeres de la delegación; no son simples testigos del momento difícil e histórico que vive la nación: en sus rostros se adivina la certeza de mujeres que acumulan inteligencia, oficio e historias contadas y por contar.
El periodismo es uno de esos oficios que nunca se abandonan, y cuando se lleva en la sangre, como lo llevan ellas, una no se jubila: simplemente cambia de mesa y continúa creando.