En el año del centenario del Comandante en Jefe, resulta una feliz coincidencia que Santiago de Cuba resguarde los restos de los padres fundadores de la patria: Carlos Manuel de Céspedes, Mariana Grajales, José Martí y Fidel Castro Ruz, confluencia histórica que engrandece el aniversario 173 del natalicio del Apóstol y reafirma la vigencia de su pensamiento en medio de las complejas circunstancias que vive la nación.
No es la primera vez que Cuba atraviesa momentos difíciles: en 1953, la llamada juventud del centenario acudió a Martí como autor intelectual del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, con el
propósito de liberar al país de una de las más crueles dictaduras de la República mediatizada.
De Martí aprendimos que la libertad y la independencia de Cuba eran indispensables para impedir que los Estados Unidos, movidos por su afán de dominio y consumo, sometieran a los pueblos de América, les arrebataran sus riquezas y fomentaran el odio y la división, en detrimento de la unidad
continental.
En la actualidad, las amenazas del imperio contra Cuba se han recrudecido,
alcanzando niveles de tensión superiores a los habituales desde la llegada
al poder del presidente Donald Trump, cuya política de fuerza y chantaje
busca doblegar a países y gobiernos que se niegan a obedecer sus designios.
De su política interna que se ocupen ellos, pero pretender avasallar al
mundo no es algo que todos estén dispuestos a aceptar, especialmente los
pueblos, cansados de la opresión, el abuso, el chantaje y el entreguismo de
no pocos gobiernos.
En Cuba, como otra coincidencia feliz de la historia, confluyen los fundadores y los contemporáneos; gobierno y pueblo que no estuvieron ni estarán de acuerdo en vender la soberanía nacional por migajas, ni en
traicionarla bajo ninguna circunstancia. Céspedes, Mariana, Martí y Fidel, junto a este pueblo, son de estirpe mambisa y no se rendirán jamás.
En el aniversario 173 del Apóstol y en el centenario de su más fiel continuador, se ratifica que la unidad en la defensa de la patria será siempre el principal escudo frente a quienes intentan destruir la nacionalidad y la Revolución.