Con información de la AMPP.
Cada amanecer, Santiago de Cuba reafirma una verdad que ni el asedio ni la escasez logran opacar: la resiliencia de un pueblo que se fortalece ante la adversidad.
Hoy, esa certeza se vuelve desafío y aula en la comunidad semirural de La Trampa, donde abrió sus puertas el Centro Mixto Antonio Maceo.
Erigido sobre escombros, el centro educativo nace del esfuerzo mancomunado: manos de vecinos que donaron horas, y la mirada atenta de su delegada del Poder Popular, que convirtió un planteamiento en bandera.
Lo que muchos dieron por imposible, hoy es una institución de puertas abiertas.Allí, los niños de primera infancia, primaria y secundaria básica encuentran no solo pupitres, sino el abrazo de una escuela que acorta caminos.
Ya no madrugarán bajo la oscuridad para recorrer largas distancias; el conocimiento les llega a la puerta de sus viviendas, como un río que desvía su cauce para regar la tierra más seca.
Es la prueba de que, cuando la voluntad colectiva se pone en pie, las limitaciones se vuelven lienzo.
En Santiago de Cuba, el «no se puede» se desvanece frente al eco de una consigna que no es grito, sino certeza: si se pudo.Porque aquí, donde el sol quema y el mar recuerda historias de heroísmo, cada escuela que renace es un acto de fe en el futuro.
Y en cada niño que cruza sus puertas, late la promesa de que la victoria no es un destino, sino un camino que se construye paso a paso, todos los días.