En Cuba cuando alguien desaparece repentinamente sin dejar rastros se dice que esa persona voló como Matías Pérez, haciendo alusión a un hecho ocurrido en la Villa de San Cristóbal de La Habana en la segunda mitad del siglo diecinueve.
En esa época en varios países del mundo, sobre todo en Francia y Estados Unidos, comenzaron a aparecer los globos aerostáticos, uno de los primeros intentos del hombre por utilizar la vía aérea como medio de transporte constituyendo estos los pioneros de la aviación moderna.
Estos artefactos volantes consistían en una enorme bola esférica construida con una tela muy resistente que llevaba en su interior un gas ligero y en su parte baja una gran cesta adherida al globo por cuerdas, que servían además para guiar el aparato en la dirección deseada y mediante contrapesos se hacían bajar o subir.
Basándose en estos principios fue que Matías Pérez, un comerciante portugués radicado en La Habana construyó un globo aerostático que denominó Villa de París, tarea nada fácil y en la cual colaboraron varios amigos del intrépido argonauta, que ya había realizado un artefacto similar en su país volando en él sin contratiempos.
Y cuentan que el 29 de junio de 1856 Matías Pérez llevó su enorme globo Villa de París hasta el malecón habanero, que se había colmado de público para presenciar la hazaña y en medio de los aplausos soltó las amarras del aparato e inició su espectacular vuelo, que según el bravo portugués terminaría en una zona cercana a la capital.
Eso pensaba Matías Pérez, pero lo cierto es, que el intrépido argonauta portugués y de su globo Villa de París, jamás se volvió a saber nada, no obstante los esfuerzos realizados posteriormente por mar y tierra para localizarlos.
Desde entonces, hace 170 años, quedó acuñada para los cubanos la frase: Voló como Matías Pérez, cuando dejamos de ver alguien repentinamente.