Las manecillas del reloj marcan el tiempo de rendir homenaje. Santiago de Cuba no olvida a sus caídos en combate. Tenemos memoria en la ciudad heroica.El 30 de junio llegó otra vez, y con él, el eco de aquellos disparos que hace 69 años desgarraron la tarde de la ciudad indómita.
La historia no se borra, se escribe con sangre y coraje.Josué País tenía apenas 19 años cuando la muerte lo alcanzó en la esquina de Martí y Crombet. El hermano menor de Frank, aquel muchacho que a los 15 años rompió un farol con una piedra para desafiar a la policía batistiana, prefirió caer peleando antes que rendirse.
A su lado, Floro Vistel y Salvador Pascual, ambos de 23, compartieron el mismo destino heroico.Era domingo. Los sicarios del régimen montaban un mitin en el Parque Céspedes para simular normalidad, mientras el oriente cubano ardía en rebelión.
Los tres jóvenes del Movimiento 26 de Julio salieron a sabotear la farsa, conscientes de que cada paso podía ser el último.Los voladores del mitin retumbaban por la radio. «Salgan ahora de sus cuevas, cobardes», provocaban los esbirros. Y ellos salieron.
No había cobardía en sus corazones, solo la certeza de que la libertad merecía el riesgo.En la intersección de Martí y Crombet, la superioridad numérica de la dictadura los acorraló.
Dispararon hasta que sus cuerpos ya no pudieron sostenerse. Los remataron, pero no pudieron matar su ejemplo.El sepelio fue un desafío. Santiago entera salió a las calles, los féretros cubiertos con banderas del 26 de Julio, el Himno Nacional coreado a plena voz, la ciudad convertida en un clamor popular que la dictadura no pudo silenciar.
Días después, Frank País escribió a Fidel Castro: «Hasta la pluma me tiembla… Aquí perdimos tres compañeros más… el más pequeño me ha dejado un vacío en el pecho y un dolor muy mío en el alma».
Ese vacío aún se siente. Pero también la gratitud. Porque Josué, Floro y Salvador no murieron en vano. Son la memoria viva de una juventud que supo dar la vida por un sueño de justicia.
Hoy, cuando el reloj marca la hora del recuerdo, Santiago se detiene. Mira hacia aquel 30 de junio y susurra: no olvidamos. No olvidaremos.Porque en esta ciudad heroica, el heroísmo se hereda. Y los muertos de ayer son la luz de siempre.