domingo 17 mayo 2026

Enfermería, manos que honran la vida

En el mapa del alma del municipio Tercer Frente en la oriental Santiago de Cuba, hay rutas que se trazan con años de entrega callada.

Una de esas caminantes es Yamisleisy Nieto Cabrales. 28 años tejiendo cuidados, responsable del Programa de Cáncer de Cérvix en el Área de Salud Cruce de los Baños. No llegó a la enfermería por azar, sino porque sintió que la piel de los otros podía ser un territorio sagrado.

Dentro de ese mundo, la psicología se le ha revelado como una linterna, entender para aliviar. Cuando recuerda su paso por Venezuela, vienen a su mente múltiples rostros.

Allí comprobó que la cercanía también es medicina y que la empatía puede ser más poderosa que un antibiótico. Su vida es un puente lanzado entre dos orillas donde la esperanza cabe en una palabra amable.Después, pero no lejos, está Yalenni Arias Mojena.

Veintiún años de oficio, y hoy encargada de inmunizar a niños y adultos, dice que la enfermería la eligió a ella mucho antes de que ella supiera su nombre, porque ayudar a otros no era un trabajo, sino el idioma que su alma ya hablaba. Cuando la COVID-19 quiso paralizar nuestra vida, Yalenni se convirtió, junto a otros profesionales del sector en un escudo.

Vacunó a casi toda su población con las dosis cubanas, y aún hoy, alguien se le acerca en la calle para darle las gracias con la voz rota.

Recuerda los días en los centros de aislamiento como una larga madrugada sin reloj, pero donde cada palabra de aliento a los convalecientes contenían fragmentos de amor posible.

Y Venezuela, en 2012, le recordó que la enfermería no entiende de fronteras, solo de vidas que se sostienen.Y luego, casi como un guiño del destino, está Yaidelin Ortega Cabrera. Este 12 de mayo no solo es el Día Internacional de la Enfermería; es su cumpleaños número 38.

De niña también jugaba a curar muñecas y vacunar a sus amigos con jeringas imaginarias. Aquella niña creció, pero nunca dejó de jugar a salvar. Con 18 años como licenciada, ha pasado por varias instituciones de salud, y en cada una dejó un pedazo de su maña más íntima, dar lo mejor sin esperar nada a cambio.

Lo que más le llena el pecho es mirar a un paciente y ver cómo la dedicación se convierte en mejoría. “Cuando alguien te da las gracias y ves que mejora, todo el cansancio se vuelve pequeño”, confiesa. Por eso invita a los jóvenes con vocación: “Vengan, que esto duele a veces, pero regala lo que ningún otro trabajo puede: servir de verdad”.

Yamisleisy, Yalenni, Yaidelin. Tres nombres que el viento podría desordenar, pero que la ternura arropa en un mismo latido. Cada una, a su manera, demuestra que la enfermería no es solo un manual de técnicas, sino una manera de habitar el mundo, con las manos llenas de gestos y el corazón a prueba de días grises.

Sus misiones en tierras lejanas, sus noches en pandemias, sus pasos firmes en comunidades rurales, son páginas de un mismo libro, uno que habla de mujeres que convirtieron el oficio de cuidar en una forma de estar vivos.

Hoy, en su día, Cuba las abraza con la misma fuerza con que ellas abrazan a quien sufre.

Con bata blanca o sin ella, con guantes o con la piel desnuda, la enfermería en sus manos deja de ser una ciencia para volverse un acto de amor que se resiste a apagarse. Un canto a la vida, sí, pero cantado en voz baja, para que solo lo escuche quien sabe escuchar con el alma.

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Joel @ No todo está perdido
abril 11, 2024 at 1:44 am
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