Desde temprano en la mañana, el Parque Céspedes de Santiago de Cuba comenzó a llenarse de colores, música y sonrisas.
Bajo el sol intenso de mayo, jóvenes, familias, artistas y activistas se reunieron para conmemorar el Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia.
Las banderas arcoíris se movían entre el ir y venir de la gente mientras desde una bocina sonaban canciones cubanas que rápidamente animaron el ambiente. Algunos curiosos se detenían a observar la actividad; otros preguntaban qué se celebraba exactamente.
Daniela caminaba junto a sus amigas repartiendo pequeños lazos multicolores. Muy cerca, Alejandro sostenía un cartel que decía: “El respeto también se aprende”. Ambos coincidían en algo: todavía queda mucho por hacer para eliminar prejuicios y discriminación.
A media mañana comenzaron las intervenciones. Varias voces hablaron sobre inclusión, igualdad y derechos humanos. Entre aplausos, una joven trans compartió cómo había logrado encontrar apoyo en sus amigos y en parte de su familia después de años difíciles.
El calor santiaguero no detuvo la jornada. Bajo la sombra de los árboles, algunos conversaban, otros bailaban y muchos aprovechaban para tomarse fotos frente a un mural improvisado lleno de colores y mensajes de amor.
La ciudad seguía su rutina habitual entre vendedores ambulantes, bocinas y el movimiento constante del centro histórico, pero en el parque se respiraba un ambiente distinto: uno marcado por la empatía y el deseo de construir espacios más inclusivos.
Antes del mediodía, todos levantaron sus banderas mientras una voz gritaba desde el centro de la actividad:
—¡Santiago también celebra la diversidad!
Los aplausos no tardaron en llenar el lugar. Y por unos instantes, entre el calor, la música y los abrazos, quedó claro que el respeto puede convertirse también en una forma de esperanza.