La firma de la primera Ley de Reforma Agraria, el 17 de mayo de 1959, marcó uno de los procesos sociales más trascendentales en la historia de Cuba. Impulsada por Fidel Castro en la Sierra Maestra, esta legislación buscó transformar la estructura de propiedad de la tierra y otorgar mayores derechos a miles de campesinos que durante décadas vivieron en condiciones de desigualdad.
Antes de la Reforma Agraria, gran parte de las tierras cultivables del país se encontraba en manos de grandes latifundistas y compañías extranjeras. Muchos campesinos trabajaban tierras ajenas, sin garantías económicas ni acceso estable a recursos productivos.
La nueva ley limitó la concentración de propiedades y favoreció la entrega de tierras a quienes realmente las trabajaban.
En este contexto surgió la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, fundada en 1961 como una organización destinada a representar y fortalecer al campesinado cubano. La ANAP se convirtió en un puente entre las políticas agrarias y los productores agrícolas, promoviendo la participación de los pequeños agricultores en el desarrollo económico y social del país.
La relación entre la Reforma Agraria y la ANAP consolidó un modelo enfocado en la producción nacional, la cooperación y la defensa de los derechos campesinos. Desde entonces, la organización ha desempeñado un papel esencial en la agricultura cubana, impulsando programas productivos, comunitarios y de formación.
Más de seis décadas después, la Ley de Reforma Agraria continúa siendo recordada como un acontecimiento decisivo en la historia social cubana y como un símbolo de las transformaciones impulsadas desde el campo.