jueves 14 mayo 2026

El silencio de la campana y el eco del mármol

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Hay fechas que en Bayamo no se cuentan con números, sino con el temblor de la tierra húmeda y el recuerdo de un llanto callado.

Hoy se conmemoran 207 años de aquel amanecer de abril de 1819 en que un niño de cuna poderosa abrió los ojos a una isla que aún no sabía que era suya.

Lo bautizaron con un nombre extenso, casi barroco, como para abarcar toda la esperanza de un linaje: Carlos Manuel Perfecto del Carmen.

El destino, sin embargo, prefirió llamarlo más simple y eterno: Padre.

La historia oficial nos habla del abogado culto que paseó por Europa y regresó a la manigua con la toga manchada de barro libertario.

Pero más allá del bronce y la liturgia patria, Céspedes es ese instante de silencio absoluto en la Demajagua, el segundo justo antes de que la campana del ingenio rajara el aire colonial con un aldabonazo que aún resuena.

En este día de celebración, vale la pena apartar la mirada del prócer ecuestre para encontrar al hombre que, frente al chantaje más atroz, tuvo que elegir entre la sangre de su hijo Oscar y el sueño de un país.

Se cuenta que aquel día, el hombre de leyes y poesía se convirtió definitivamente en mármol, como lo llamó Martí.

Un mármol agrietado por dentro, pero firme en su negativa a transar. En esa fisura íntima y dolorosa es donde un patriota de terracota se transforma en el verdadero Padre de una nación.

Fue el mismo que diez días después de su grito inicial entró en Bayamo y, ante la inminencia de la derrota, prefirió ver su ciudad hecha cenizas antes que intacta en manos enemigas.

Esa locura colectiva, esa voluntad de caminar hacia la intemperie de la manigua con las manos vacías y el alma encendida, solo se explica por la fiebre sagrada que él supo insuflar.

Destituido después, despojado de todo salvo de su recto espíritu de justicia, se internó en la espesura hasta desaparecer. Eusebio Leal lo definió como la pieza angular.

Y quizás esa sea la imagen más precisa: la de una piedra angular que sostiene el edificio de una nación sin hacer ruido, desde el cimiento profundo, ahí donde el olvido no alcanza porque la tierra cubana se niega a soltarlo.

Hoy, 207 años después, el clarín de octubre no es solo una efeméride; es el pulso callado de una patria que aprendió a caminar sobre sus propias brasas hasta la Cuba actual.

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Los juristas son, en principio, servidores públicos imprescindibles.
Saludos desde México. La cultura de la previsión así como la calidad en el trabajo ayuda a los pueblos de…
Jornadas de trabajo intenso; en esta cobertura tuve la oportunidad de acercarme a personas revolucionarias y aman y honran la…
Joel @ No todo está perdido
abril 11, 2024 at 1:44 am
Son los jóvenes quienes, en mayoría, llevan el mayor peso del quehacer cotidiano del país. Así ha sido siempre. No…
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