Cuba posee el más valioso y abundante de los recursos: su capital humano, ese mismo que se ha diseminado por decenas de países y que, hasta hoy, continúa siendo imprescindible, pese a las decisiones de algunos gobiernos, no de los pueblos, que han terminado renunciando a él, incapaces de resistir la presión externa y las consecuencias que esta implica.
En marzo de 2025, por ejemplo, durante una visita a Jamaica el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, escuchó del propio gobierno de la isla que “la misión médica de Cuba ha sido un pilar fundamental de la atención sanitaria en Jamaica durante muchos años”, sin embargo, apenas doce meses después, acaba de prescindir de esos servicios.
No se trata de un caso aislado: Honduras, Ecuador, Panamá y otros países han seguido un camino similar. Bajo la arremetida del gobierno de Donald Trump, han cedido no solo en materia de cooperación en salud, sino también mediante el cierre de embajadas y el apoyo las medidas del bloqueo energético, que ha llegado a impactar, incluso, a aliados tradicionalmente firmes.
Aun así, como ha insistido el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, “Cuba no está sola”. Frente a las dificultades, la resistencia y la creatividad del pueblo cubano se articulan con un movimiento de solidaridad internacional en crecimiento, con ejemplos concretos como el respaldo del gobierno y el pueblo de México, el Convoy Nuestra América y múltiples iniciativas solidarias que se multiplican a escala global.
Las razones de ese respaldo son conocidas. Desde el triunfo de la Revolución en 1959, Cuba ha compartido lo poco que tiene con numerosos pueblos del mundo, llevando salud, educación, apoyo ante desastres naturales y esperanza a muchos de los rincones más olvidados del planeta, incluyendo haber ofrecido la sangre de sus hijos por la libertad de otros pueblos, como ocurrió en África, sin exigir jamás nada a cambio.
Hoy, esa siembra comienza a dar frutos y Cuba recoge parte de lo que ha cultivado, aunque algunos indecisos, desmemoriados e ingratos, pretendan ignorarlo o se plieguen, por diversas razones, a los intereses de quienes por muchos años han actuado contra los pueblos, encabezados por el imperialismo estadounidense.
“Cuba saldrá de la profunda crisis económica, comercial y financiera que enfrenta, así como de las duras carencias que hoy afectan a su población”, ha insistido el gobierno revolucionario, aunque no será fácil; nunca lo ha sido, pero en la inteligencia colectiva, en el esfuerzo propio y en la solidaridad de quienes no se doblegan, se sostiene una esperanza real: una luz que, aunque tenue, es capaz de abrirse paso en medio de la oscuridad que hoy pesa sobre la nación.