Los heridos ya están en la patria; los mártires los tendremos hoy. Ningún revolucionario, ningún patriota habría querido este regreso; no por falta de honor, sino porque el cubano no fue hecho para el martirio, fue hecho para la victoria.
El pasado 3 de enero, 32 combatientes cayeron en Venezuela cumpliendo lo que asumieron como un deber; no los movió la fatalidad, los sostuvo la convicción.
Pelearon con la dignidad aprendida de Maceo y de Fidel, con la certeza de que la rendición no forma parte de la ética del combatiente cubano: quien se alista lo hace sabiendo que el deber se cumple, incluso, cuando el precio puede ser tan alto.
Cumplieron, y 32 regresan envueltos en la bandera que defendieron más allá de la vida; su caída no es una derrota, es semilla.
Con dolor, pero también con respeto, los recibimos.
¡HONOR Y GLORIA!