miércoles 28 enero 2026

Lorenzo Maturell Verdecia: El silbato que guió a Cuba hacia la gloria. Santiago de Cuba despide al histórico entrenador de balonmano, arquitecto de sueños y forjador de campeonas.

La oriental ciudad amaneció más silenciosa. El silbato que durante décadas marcó el ritmo de pasión, disciplina y victorias en el balonmano nacional se ha callado.

Con profundo pesar, el deporte cubano y en particular la familia del balonmano, llora la partida física del querido entrenador Lorenzo Maturell Verdecia, un hombre cuya vida se fundió con la historia del juego de manos en la Isla.

Lorenzo no fue un simple espectador del deporte; fue un hijo prodigio de su tierra. Desde muy joven, su vida empezó a latir al compás del sistema deportivo de su Santiago natal. Sus primeros pasos, en los combinados deportivos, fueron la semilla de una carrera monumental.

Con esa dedicación característica, ascendió escalones de formación: la ESPA provincial, la EPEF “Manuel Fajardo” y la EIDE “Capitán Orestes Acosta” fueron testigos de su evolución de alumno a maestro, de atleta a mentor.

Pero fue en la cancha de balonmano donde su espíritu encontró su eco más resonante. Aproximadamente en la década del 2000, su destino se unió al de la Selección Nacional Femenina de Balonmano.

Allí, como entrenador, no solo dibujó tácticas en una pizarra; tejió un sueño colectivo. Durante casi una década al mando del equipo Cuba, Lorenzo se convirtió en el arquitecto de una era dorada.

Su legado quedó grabado en metal y gloria con la medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro 2007, un hito que coronó años de trabajo meticuloso y que llevó el nombre de Cuba a lo más alto del podio continental.

Esa plata reluciente era el reflejo de sudores en el entrenamiento, de estrategias estudiadas al detalle y de una fe inquebrantable en el talento de sus atletas.Su compromiso trascendió la cancha.

En su Santiago de Cuba, cumplió diversas funciones en el INDER, siendo siempre un pilar institucional.

Su vocación de servicio lo llevó más allá de las fronteras, cumpliendo misiones de apoyo como experto en varias partes de América Latina, donde sembró conocimientos y se llevó a cambio el respeto y el cariño de quienes lo conocieron.

Lorenzo Maturell Verdecia no se va. Permanece en cada jugada ensayada mil veces, en cada defensa que grita “¡Cuba!”, en la memoria de las manos que atajaron goles y anotaron tantos por su patria.

Permanece en el corazón de las generaciones de deportistas a las que guio, no solo hacia la victoria, sino hacia la excelencia humana.

A sus familiares, amigos, colegas y a toda la comunidad deportiva de Santiago de Cuba y del país, llegan nuestras más sentidas y respetuosas condolencias.

Que en este momento de dolor, encuentren consuelo en la inmensa huella de luz que deja un hombre que jugó, y ganó, el partido más importante: el de la entrega a su país.

Descanse en paz, maestro.

Su silbato ahora guía desde la eternidad.

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Joel @ No todo está perdido
abril 11, 2024 at 1:44 am
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