Rubén Martínez Villena: sueños cumplidos

Rubén Martínez Villena perdió la última batalla contra la tuberculosis el 16 de enero de 1934, con casi 35 años que cumpliría el 20 de diciembre. Así culminó la existencia física del gran dirigente revolucionario e intelectual, que al decir de su compañero de lucha Raúl Roa: "Desafió mil veces la muerte y quemó alegremente su vida", una metáfora que no pudo ser más realista para entender la existencia de este ser extraordinario.
Rubén Martínez Villena: sueños cumplidos

Rubén Martínez Villena perdió la última batalla contra la tuberculosis el 16 de enero de 1934, con casi 35 años que cumpliría el 20 de diciembre. Así culminó la existencia física del gran dirigente revolucionario e intelectual, que al decir de su compañero de lucha Raúl Roa: “Desafió mil veces la muerte y quemó alegremente su vida”, una metáfora que no pudo ser más realista para entender la existencia de este ser extraordinario.

Se inició en las luchas políticas con solo 23 años en 1923, como uno de los protagonistas principales de la Protesta de los Trece, ejecutada por un grupo de jóvenes intelectuales quienes irrumpieron en un acto oficial presidido por un corrupto funcionario del gobierno de turno, e interrumpieron su discurso. Entonces, el joven revolucionario le imputó su falta de autoridad moral.

Esa jornada marcaría el inicio en la vida nacional de la primera generación republicana que retomaría el pensamiento revolucionario y lo llevaría hacia nuevos horizontes de la lucha social, después de la frustración del ideal independentista martiano tras el establecimiento por el imperialismo estadounidense del sistema neocolonial en la república mediatizada.

Villena, para entonces graduado en Leyes en la Universidad de La Habana, iniciaba una carrera literaria y comenzaba a ser reconocido como uno de los poetas más importantes de su generación.

Su talento indiscutiblemente le hubiera asegurado una brillante carrera como narrador y poeta, pero su compromiso con la emancipación de su Patria prevaleció, como le confesara a un amigo: “Yo destrozo mis versos, los desprecio, los regalo, los olvido: me interesan tanto como a la mayor parte de nuestros escritores interesa la justicia social”.

Fue su “Mensaje lírico civil” una de sus primeras expresiones poéticas que señalaron aquella etapa histórica y en la que aseguró: “Hace falta una carga para matar bribones, para acabar la obra de las revoluciones, para vengar los muertos que padecen ultraje, para limpiar la costra tenaz del coloniaje , para poder un día con prestigio y razón extirpar el Apéndice de la Constitución (…) para que la Republica se mantenga de sí, para cumplir los sueños de mármol de Martí “(…)

En pocos años su pensamiento revolucionario se radicalizó y durante la lucha contra la dictadura de Gerardo Machado fue, junto a Julio Antonio Mella, una de las figuras más destacadas del movimiento comunista, no solo por sus extraordinarias cualidades teóricas, sino también por la decisión y valentía que demostraba a diario, como cuando se enfrentó directamente al dictador Gerardo Machado y lo calificó como “asno con garras”.

Vale para señalar la perseverancia en lo que se proponía el hecho de su preparación como piloto en Estados Unidos, sin tener un mínimo de conocimiento sobre aviación, ni las condiciones físicas más adecuadas para pilotear una aeronave desde ese país y bombardear instalaciones militares machadistas, acción que no pudo concretarse porque las autoridades estadounidenses incautaron el avión e interrumpieron la preparación que ya recibía Villena en la Florida.

Debido a su enfermedad tuvo que cesar sus tareas clandestinas y por indicación del Partido Comunista partió a un sanatorio en el Cáucaso soviético, donde permaneció por algún tiempo y los médicos en 1932 le confirmaron que solo podía alargar su existencia con descanso absoluto y un tratamiento sistemático en ese lugar.

Sin embargo, renunciando a todo elemental sentido de conservación de la vida, decidió dejar atrás el tranquilo sanatorio de aires limpios donde tenía todo el derecho a seguir los consejos de los galenos, y regresó clandestino a la convulsa y peligrosa Habana de los postreros años de la dictadura de Machado.

En Cuba y desde su lecho de enfermo dirigió, en su condición de líder natural del Partido Comunista, la huelga general de agosto de 1933 que coadyuvó a la derrota de la tiranía, además de elaborar importantes análisis críticos y proyectos para el movimiento obrero y comunista de la Isla y América Latina, con lo que hizo una gran contribución a la aplicación creadora del marxismo a las realidades del continente.

Durante los últimos meses de su existencia se dedicó desde el hospital a orientar reuniones del Partido y organizar el IV Congreso Nacional Obrero de Unidad Sindical, durante cuyas sesiones falleció.

Muchos años después, el 26 de julio de 1973, el Comandante en Jefe Fidel Castro en su discurso por el XX Aniversario de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, habló de los sueños cumplidos del joven revolucionario que clamaba en su poesía por nuevas cargas mambisas y dijo: “El 26 de Julio era la carga que tú pedías”. (Jorge Wejebe Cobo)

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