Médico de la familia, un homenaje perenne al altruismo de Fidel

Médico de la familia, un homenaje perenne al altruismo de Fidel

Presente y pasado van de las manos de la Dra Nancy Pastó como médico de la familia, fiel al compromiso que selló por la salud del pueblo

Santiago de Cuba, 10 sep.— Para la doctora Nancy Pastó Pomar han transitado 36 años de su profesión como un gran reto en el quehacer de médico de familia. Así lo sintió recién graduada cuando se inició en la Sierra Maestra, nn compromiso con Fidel en esta misión, hasta ahora ya cifrando las 6 décadas de vida, toda una existencia al servicio de la medicina comunitaria.

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Ella recalca que cada día se necesita hablar de los comienzos porque cohabita con el presente, el pensamiento altruista de Fidel cuando a fines de 1983 concibió la idea de proporcionar al sistema de salud cubano un médico de nuevo tipo, capaz de brindar asistencia a la mujer embarazada, cuidar sus riesgos, su evolución y el resultado del parto; luego seguir al niño en su desarrollo y comportamiento en el hogar y la escuela y, ya adulto, velar por su sano desempeño en su vida familiar y social, además de garantizar que reciba la debida atención durante la vejez.

El 4 enero de 1984 se puso en marcha el programa, conocido al principio como el médico de las 120 familias, seguido muy de cerca por Fidel en la barriada de Lawton en 1984 y muy pronto extendido de forma experimental a todo el país; así la Sierra Maestra se cubrió completamente con este sistema novedoso de salud. Su primigenia sigue siendo la esencia presente: guardianes de salud, mediante acciones integrales dirigidas al hogar y a las familias, la comunidad y el medio ambiente.

Por los resultados alcanzados, antes de finalizar el 1984 ya se contaba con 237 médicos, matriculados en una nueva especialidad: Medicina General Integral.

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Nancy formó parte de este grupo. La serranía la marcó como recién graduada, muy vigente en sus recuerdos las enseñanzas; en ella sobresale: significó una gran escuela, como lo escribió la periodista Marta Rojas en el libro “El médico de la familia en la Sierra Maestra”; del capítulo Médicos-educadores, la Dra. Pastó figura como una protagonista principal: ”La casa consultorio de la doctora Nancy Pastó Pomares es un aula de buenos hábitos… forma de cepillarse los dientes, lavado de manos antes de comer, usar zapatos, hervir el agua de beber, a través de láminas, dibujos y caricaturas didácticas”.

La destacada periodista cubana expresó que todo lo que alguien puede imaginar sobre principios básicos para la prevención de enfermedades, los expuso visualmente la médico de Macanacú, sin descuidar la estética tanto en el consultorio como en su casa aledaña, impregnando al visitante de esas acciones altruistas.

Santiaguera de pura cepa, Nancy recuerda el curso preparatorio en la ciudad de Bayamo durante el mes de septiembre del 1984, el acto de recibimiento en el Jíbaro y su llegada en octubre al rincón intrincando de la Sierra Maestra entre los ríos Macanacú y El Corojo, pertenecientes al municipio Guisa, provincia Granma. Un ejército de batas blancas que subieron loma arriba y que visten hoy todo el territorio cubano, llanos y montañas.

No olvida a su enfermera, Udalis Guerra, oriunda de allí mismo, quien la enseñó a montar a caballo, recorrer la serranía y vencer muchos obstáculos en Macanacú, sitio que quedaba incomunicado con las crecidas de los ríos; se alumbraban con faroles chinos o candiles y por primera vez los vecinos sintieron los cuidados de un galeno que convivía con ellos. Antes de esa fecha tenían que recorrer 20 kilómetros de caminos sinuosos para atenderse en el hospital de Guisa.

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Joven citadina que nunca se había separado del hogar, 24 años de edad, su primera emoción fue miedo ante tal reto; al mes de labor, enfermó de las vías digestivas pero los facultativos de Santiago de Cuba la examinaron y no tenía problemas físicos, todo era sicológico; vinieron los consejos de sus padres y el deber de cumplir su palabra la fortaleció. Los primeros escollos a vencer venían desde los ancestros campesinos; algunos arraigos como la no existencia de baños en las viviendas, los hacían en el río; andar descalzos, el parto en las casas, no lavados de dientes, entre tantas costumbres a reeducar.

Una responsabilidad sin descanso para combatir los parásitos y la escabiosis, entre los males que cohabitaban allí hasta llegar al proceso de la vacunación para los niños; así emergió su labor educativa, de higiene y de prevención; por eso Marta Rojas identificó a su consultorio como una escuela.

No puede borrar de la memoria los velorios en casas, ella cumplía con todos; iba a los entierros y sorprendida conoció una tradición de esos parajes: la despedida de duelo significaba todo un acontecimiento de siglos atrás: medían con una tira de yarey a los familiares cercanos y antes de tapar la tumba en tierra, la lanzaban al hoyo para que el difunto descansara en paz y no se llevara a ninguno de los vivos.

Este tiempo simbolizó la verdadera Universidad, su forja como médico, sintió la humanidad toda, en los 2 años integrados a ese paraje de la Sierra Maestra. Allí asimiló la medicina natural con algunos remedios que conserva como la caña santa y los baños de agua fría en los pies para la hipertensión. Guarda como reliquia la confianza depositada por los campesinos y la tristeza del adiós cuando concluyó su labor y la recomenzó en la ciudad natal, inaugurando el consultorio que ha sido su casa desde entonces y donde es la titular como especialista de primer grado de MGI y Master en la atención integral a la mujer.

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La doctora del presente, la del consultorio 11 del reparto Sueño se añade a la historia de la medicina familiar; su convivir aledaño a la ciudad escolar “26 de julio” la identifica con un historial rico en sucesos: desde amanecer de guardia en los asaltos simbólicos del otrora cuartel Moncada hasta la atención de los otros centros laborales de la zona; muy especial es el centro escolar con los alumnos, maestros y trabajadores por la connotación patriótica en Cuba.

Además de un área de 1144 habitantes, atiende a 11 colectivos de centros laborales de la zona. Con orgullo muestra CERO mortalidad infantil y vigila con dedicación a su principal desafío en este momento en el área: la hipertensión arterial en muchos pacientes y problemas de próstatas en los hombres.

Su consultorio, Modelo y Colectivo Moral, acentúa en las acciones de promoción de salud y de prevención de enfermedades, enfocada a modificar estilos de vida y evitar factores de riesgos; logro de la vacunación en niños menores del año para su protección de enfermedades infecciosas; sobresaliente además en la captación temprana de las embarazadas antes de las 12 semanas de gestación e incremento de la lactancia materna hasta los 6 meses de vida del bebé y aumento de las acciones de la planificación familiar y de educación sexual.

La doctora Pastó Pomar imparte docencia a residentes de la especialidad y a otros alumnos que se integran al consultorio para sus prácticas. Con orgullo ejemplifica una trayectoria exitosa tanto en la Sierra Maestra como en el área del policlínico Armando García, donde llegó un día a los 26 años e hizo una familia. En la calle Carlos Aponte # 665 se localiza ella, allí se casó y atesora una hija nacida en el fragor del trabajo y convertida en una joven ingeniera en Telecomunicaciones. Aval en la que se relata 2 misiones internacionalistas en Namibia y Venezuela y donde llevó su estilo de trabajo desde el seno de la medicina comunitaria.

Cuba aplaude a los hombres y mujeres que se alzan en un proyecto único de la salud de pueblo, incluida Nancy que continuará como distinción de amor por el bien de la Humanidad.

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