Ramiro Guerra, en perpetuo movimiento

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Ramiro Guerra, en perpetuo movimiento

Un adiós que mucho duele nos dejó este miércoles el maestro Ramiro Guerra, eminente bailarín, coreógrafo, investigador, ensayista y crítico al que debe Cuba la creación de la Compañía de Danza Contemporánea

La Habana, 2 may.— Un adiós que mucho duele nos dejó este miércoles el maestro Ramiro Guerra, eminente bailarín, coreógrafo, investigador, ensayista y crítico al que debe Cuba la creación de la Compañía de Danza Contemporánea.

No por azar a este hombre, que se despide del mundo a sus 96 años, se le ha reconocido como el fundador, a juzgar por las instituciones que cuentan en su haber como el Conjunto Nacional de Danza Moderna (1959), que después sería Danza Contemporánea; el Conjunto Folclórico Nacional de Cuba; el Ballet de Camagüey, además de tocar con su talento otras agrupaciones en las que dejó sus huellas. Su sapiencia estableció las bases para el desarrollo del estilo de la actual danza cubana.

Merecedor de reconocimientos como el de Doctor Honoris Causa en el Instituto Superior de Arte; los premios nacionales de Danza, de Enseñanza Artística, y de Investigación Cultural, la Medalla Alejo Carpentier y la Orden Félix Varela, entre otros, Ramiro fue un creador sin precedentes que innovó a partir de las técnicas universales a la vez que incorporó a sus conjuntos temas cubanos. Su firma abundó en materia de danza de modo que sus textos significaron un exquisito material didáctico para los seguidores de dicho contenido.

Entre sus éxitos cruciales cuentan El decálogo de la apocalipsis, una obra innovadora en la que destaca el especial tratamiento del espectáculo con su público; y Suite yoruba (con música de Amadeo Roldán), la que se considera su obra más importante. Ramiro será otro después de esta propuesta, cuando ya será visto como todo un vanguardista.

En una entrevista ofrecida a Cubasí, desde su apartamento en Centro Habana el Maestro refirió: «Yo me levanto todos los días por la mañana y hago ejercicios. Después me paso el día viendo videos de danza, películas, televisión. La verdad es que estoy aburrido de estar aquí arriba. Me gustaría bajar, salir a la calle, conversar con la gente, ir al teatro (…). Tengo todavía muchas cosas que decir».

Preciso resulta el autorretrato de este hombre en perpetuo andar. Así debe ser recordado no solo quien estuvo activo hasta sus últimos días, sino además quien amó y elevó la belleza del movimiento para todos los tiempos. (Madeleine Sautié)

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