Preámbulo del alzamiento del 30 de noviembre

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Frank: A 62 años de una firme decisión “disponga usted de mi puesto, Cuba me necesita”

Santiago de Cuba, 26 nov.— Aunque ya estaba inmerso en la lucha clandestina fue por el segundo semestre de 1956 cuando Frank País, le expresó al reverendo Agustín González Seisdedos, “Disponga usted de mi puesto, Cuba me necesita”…

Ya se cumplieron 62 años.Específicamente fue en agosto de ese año, a tres meses del alzamiento armado de la otrora capital de Oriente, cuando jóvenes santiagueros, se vistieron por primera vez con el uniforme verde olivo y la ciudad protagonizó a toda voz su protesta por el régimen batistiano, en apoyo al próximo desembarco de los expedicionarios del Granma con Fidel al frente de la expedición.

Desde su graduación en 1953, Frank trabajaba como maestro en el colegio el Salvador, adjunto a la segunda iglesia bautista de Santiago de Cuba, ubicado en el reparto Sueño de la ciudad.

Durante tres años, día tras día los vecinos de entonces, lo veían calle I abajo, recorría el centro citadino por la parte vieja, desde su casa ubicada en San Bartolomé, plena barriada de los Hoyos; sereno, rumbo a su misión: enseñar niños del grado cuarto; algunas veces cuando concluía las clases, subía por la escalera interior hasta el salón principal del templo y entonces pasaba horas y horas tocando el piano acompañado por su voz.

Quien transite por las calles I y Tercera del conocido reparto santiaguero, no puede imaginar cuántos recuerdos guarda la antigua escuela, que enhiesta se mantiene ahí y que su biblioteca lleva el nombre del mártir, que un día dirigió la acción de vestir a la ciudad con el traje verde olivo.

La historia de su vida laboral, aunque corta fue muy fecunda: se destacó por el ímpetu con que difundía las ideas de liberad y valores patrios, especialmente el pensamiento y la obra de José Martí, así como su deseo de conseguir una sociedad mejor. Estableció el centro La Flor Martiana y puso en práctica la República Escolar, basada en conceptos de democratización de la escuela y participación de los estudiantes.

Él brindó a los alumnos, el aprendizaje durante sus 22 años de existencia. La pasión por la música inculcada en el hogar; el amor al prójimo como fe insoslayable, la poesía, la pintura y la delicadeza de amar incondicionalmente la espiritualidad y belleza humanas. En 1954 combinaba el trabajo con sus labores revolucionarias: junto a Pepito Tey y otros jóvenes del Oriente cubano crearon Acción Revolucionaria Oriental (ARO) con el fin de organizar la lucha armada contra la tiranía de Batista. En 1955, cuando Fidel Castro, recién amnistiado, y el grupo que había asaltado el Cuartel Moncada formaron el Movimiento 26 de Julio, él solicitó y obtuvo el ingreso de los miembros de la organización al M-26-7. Su paso a la clandestinidad lo realizó con el seudónimo de David.

Inicialmente integró la dirección del M-26-7 en Oriente, y en 1956 fue designado Jefe de Acción y Sabotaje del M-26-7 en todo el país. Ya dedicado enteramente a la lucha revolucionaria.

No había pasado ni medio año de haber dejado su labor de maestro cuando el 9 de marzo de 1957 fue detenido y enjuiciado con los sobrevivientes del Granma y los combatientes del levantamiento del 30 de noviembre, siendo absuelto en mayo, en medio de una gran agitación popular. Desde ese momento fue uno de los principales organizadores del apoyo a la guerrilla de la Sierra Maestra y la extensión de la insurrección a toda la isla, hasta la última jornada del séptimo mes. A pocos días del 31 de julio de 1957, en agosto, circuló por la ciudad, un artículo conmovedor, de la desaparecida Adela Mourlot, compañera del reverendo Seisdedos que profundizaba en la personalidad del Frank maestro, guía de juventudes:

“Era un espíritu selecto, un joven fuera de lo vulgar, tenía ya la madurez de un hombre de 30, y no lo puede negar nadie al contemplar el dolor de toda la ciudad de Santiago y sabemos que también de toda Cuba por los testimonios de condolencia recibidos…”

Alumnos y maestros del entonces colegio, lo describen con mirada soñadora, voz reposada, porte humilde y distinguido, que atraía el cariño de quienes lo trataban… Y como bien afirman, “aquí vive con su ejemplo y lecciones, tanto el maestro como el guerrillero-luchador clandestino, Frank, Salvador, David, Cristian”.

Y Doña Rosario, unos días después de la desaparición física del hijo mayor, de su Frank, recordaba y mantenía el ramo de flores que recibió de él con la dedicatoria, “A la madre más buena del mundo”.

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