lunes 25 mayo 2026

Altos de Mompié, 3 de mayo de 1958: El día que la Sierra abrazó al Llano

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El sitio de la televisión en Santiago de Cuba

El tres de mayo pero de 1958, la Sierra Maestra respiraba espesa, entre la humedad de las cumbres y el olor a pólvora dormida. Arriba, en un recodo de montaña que los mapas apenas registraban, la historia se tomó un café amargo y decidió cambiar de rumbo.

Allí, en Altos de Mompié —nombre que evoca más a un hombre que a una geografía—, la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio se sentó en círculo. No hubo estrado ni protocolo.

Hubo, eso sí, el ruido de la autocrítica rompiendo esquemas.

El fantasma del 9 de abril flotaba entre ellos: la huelga fallida, las calles que no despertaron, el sabor a derrota mal digerida.Se habló duro. Se habló con el pecho. Y de aquel debate áspero, como de piedra contra piedra, saltó la chispa de la unidad.Fidel Castro, que ya era la voz, pasó a ser el mando.

Lo nombraron Comandante en Jefe de todas las fuerzas: las que bajaban de la Sierra y las que sudaban en el Llano. También, Secretario General del M-26-7. No era un título.

Era una urgencia. A apenas días de que la tiranía lanzara su ofensiva final, aquel acuerdo fue más que un acta: fue un blindaje.En la memoria del monte quedaron los nombres de quienes allí decidieron no rendirse:

Vilma Espín, Celia Sánchez, Haydée Santamaría, Faustino Pérez, René Ramos Latour (Daniel), Ñico Torres, Luis Buch, Marcelo Fernández, David Salvador, Enzo Infante. Y como invitados que pesaban tanto como los presentes, el Che Guevara y Antonio Torres Chedebeau.

El rumor del lugar

Dice la historia, que aquel paraje se llama así por Osvaldo Mompié, un campesino de esos de manos callosas y palabra breve. Su casa —techo de guano, piso de tierra— fue en clandestino bodegón de fusiles y esperanzas. Almacén de la rebeldía.

Y fue Fidel, con ese olfato para ungir lo humilde, quien bautizó el sitio con apellido de guajiro. Convertir la bohía de un hombre del monte en símbolo de una revolución unida: eso también pasó allí, entre el sudor y las balas.

Hoy, 68 años después, Altos de Mompié sigue arriba. No como altura geográfica, sino como recuerdo vertical de un día en que la lucha, para no morir, se abrazó a sí misma.

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Los juristas son, en principio, servidores públicos imprescindibles.
Saludos desde México. La cultura de la previsión así como la calidad en el trabajo ayuda a los pueblos de…
Jornadas de trabajo intenso; en esta cobertura tuve la oportunidad de acercarme a personas revolucionarias y aman y honran la…
Joel @ No todo está perdido
abril 11, 2024 at 1:44 am
Son los jóvenes quienes, en mayoría, llevan el mayor peso del quehacer cotidiano del país. Así ha sido siempre. No…
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