Con información de ACN
El 15 de septiembre de 1956, la Federación Estudiantil Universitaria convirtió el estadio universitario en un acto de desagravio nacional para Alicia Alonso y el entonces Ballet de Cuba.
No era una función cualquiera: la dictadura batistiana acababa de suprimir la escasa subvención que la compañía recibía del Estado desde 1950.
La respuesta fue danza, memoria y dignidad. Sonaron Las Sílfides y Alicia cerró con La muerte del cisne, como si en cada movimiento se resistiera a morir la cultura cubana.
Entre los asistentes estaba Fructuoso Rodríguez, líder estudiantil en la clandestinidad. Apoyó al Ballet y, desde allí, llamó al derrocamiento de la dictadura. Fue su última aparición pública.
Poco después, en Humboldt 7, sería asesinado junto a otros tres jóvenes revolucionarios.Tras una gira nacional, el Ballet de Cuba entraría en receso como compañía profesional el 15 de noviembre.
Y Alicia Alonso se negaría a bailar en Cuba mientras Batista la desgobernara. Aquel acto no fue un adiós: fue una promesa. También desde el arte se podía resistir.