El 6 de junio pero del año 1961, Cuba transformó su institucionalidad interna: el antiguo Ministerio de Gobernación cedió paso al Ministerio del Interior, un organismo nacido para resguardar la seguridad del Estado y la tranquilidad ciudadana, en los momentos más álgidos del proceso revolucionario.
La madrugada del 6 de junio de 1961 no trajo consigo disparos ni proclamas enardecidas, sino el filo silencioso de una ley: la Ley 940. Aquel día, la Isla dejó atrás el rótulo de Gobernación —herencia de un pasado anterior al triunfo rebelde— y alzó, en su lugar, los cimientos del Ministerio del Interior (MININT). Al frente, un nombre joven pero curtido en la Sierra: Ramiro Valdés Menéndez.
No se trató de un simple cambio de nombre. El MININT llegó para asumir una misión totalizadora: dirigir, ejecutar y controlar la política estatal en dos frentes gemelos: la seguridad del Estado y el orden interior del país.
Su objetivo fundacional —todavía vigente tras seis décadas— es garantizar la seguridad ciudadana desde una mirada amplia que va más allá del orden público.
Hoy, su sede mira la inmensidad de la Plaza de la Revolución «José Martí», en La Habana. Desde allí, operan órganos que estructuran la vida cotidiana y la defensa estratégica: la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), la Dirección Técnica de Investigaciones (DTI), el Departamento de Seguridad del Estado (DSE), la Dirección de Tránsito, las Tropas Guardafronteras, el Cuerpo de Bomberos de Cuba, la Dirección de Seguridad Personal, la Dirección de Investigación Criminal y Operaciones, los Establecimientos Penitenciarios, la Atención a Menores, y el control de Identificación, Inmigración y Extranjería.
Más que una cartera, un sistema. Más que un edificio, un guardián con nombre propio. Aquel 6 de junio, la Revolución se puso un escudo interior, y decidió llamarlo Ministerio del Interior.